29 de octubre de 2010

En Una Noche Tan Linda


Miss Universo Alicia Machado

Sin importar en qué parte del mundo estábamos, año tras año jamás nos perdíamos el Miss Universo. Era (y sigue siendo) un orgullo que nuestra Miss entrara entre las finalistas en el certamen. Recuerdo bien el año en que ganó Alicia Machado nosotros estábamos viviendo en la India. La satisfacción de llegar al colegio y decir que la venezolana había ganado, no tuvo precio. Lamentándolo mucho rara vez tuvimos la oportunidad de ver el magno evento de la belleza venezolana estando fuera del país. Hoy en día lo transmiten en 700 países con 423 traducciones diferentes. En ésa época ni nos enterábamos qué había pasado ni quién había ganado.

Para mí, una de las cosas que nos hacen ser más venezolanos es el Miss Venezuela. No hay niña que de pequeña no quiere ser Miss cuando crezca. Esto viene siempre alimentado de los comentarios de las tías y las amigas de las mamás que les dicen cuando las ven Ay! pero que niña tan linda! Cuando seas grande vas a ser Miss! Esto desde los 2 años. De tantas veces que nos lo repiten, todas nos lo creemos. Yo de pequeña decidí que como no había nacido en Venezuela sería Miss Brasil, y listo, ahí solucionaba todo.


De 14 años en Rita's (no puedo creer que estoy poniendo ésta foto)

Anoche viendo el Miss me dí cuenta de que jamás hubiese podido cumplir mi sueño de infancia. Mis papás intentaron hacer lo posible para volverme más agraciada metiéndome en una academia de modelaje a los 14 años (esa historia amerita una entrada de blog completa por lo ridiculo del asunto), pero qué va, ni que hubiese medido 1.89 sería posible verme ahí caminando por esa pasarela (todos los que me conocen saben que hubiese terminado en el piso). A pesar de que es una excelente oportunidad para las participantes (yo sé, sueno como Sandra Bullock en Miss Congeniality: 'It’s a scholarship program'), yo no sé como hacen esas muchachas para andar semi-desnudas, paradas frente a miles de personas sabiendo que están siendo juzgadas por todo. Que si está muy gorda, que si la nariz fea, que si es bruta.

Además cuando llega la hora de las preguntas, hay que entender los nervios. Primero hay una historia de misses que no han sido muy agraciadas que digamos respondiendo sus preguntas. Digan lo que digan, eso pesa. Segundo, la confusión de que si tienen que saludar y decir Buenas noches Poliedro de Caracas (¿o será Palacio de los Eventos?). Eso solito las enreda porque si vienes con un guión en mente no hay manera de que te salga natural y fluída la respuesta. Para más colmo las preguntas que hacen todos los años son cada vez peores. A mí me preguntan a quién quiero conocer vivo o muerto, tengo que pasar como 1 hora pensándolo. La respuesta políticamente correcta siempre será Jesús o el Papa. Yo quisiera ver algún día una Miss responder algo así como Marylin Monroe. Ese día me paro y le aplaudo por ser sincera.

Los jueces cada año son más extraños. Todos sabemos que Osmel es que decide la ganadora. Tan obvio es que llevan cuatro años poniendo a la ganadora vestida de Gionni Straccia. Ya últimamente cuando dicen que el vestido de tul con organza de seda con detalles pétalos de amor y lágrimas de un cisne al nacer es de Gionni, ya sé de una vez que ésa es la nueva Miss Venezuela. Los jueces están ahí para disimular, para pararse y saludar al público. Además están para presentar al resto de la sociedad que no las conoce a las aclamadísimas Damas de la Sociedad. Lo más importante, están para que Maite pueda repetir una y otra vez Aplaaaausos!

Lo maravilloso de la técnología es que antes nos tocaba sentarnos en casa a reírnos, burlarnos y llorar el Miss Venezuela con las pocas personas que nos acompañaban. Ahora podemos comentarlo con el mundo entero a través del twitter. Reírnos de Kiara Gaga juntos y cuestionarnos año tras año cuándo será el día en que Venevisión deje a los músicos cantar en vivo.

Y es que, para mal o para bien, el Miss Venezuela se ha convertido prácticamente en el deporte nacional del país. Es más, estoy convencida de que En una noche tan linda como ésta debería ser considerada patrimonio nacional. Venevisión puede disfrazarlo como sea, pero la nueva melodía nunca le llegará ni a los tobillos a la vieja. Todo gracias a que durante todos estos años el canal se estaba robando la canción y cuando los descubrieron no quisieron pagar los derechos de autor. Yo exijo que nos devuelvan nuestro tema original!

El Miss Venezuela es una parte de nuestra cultura y de nuestra identidad. Es la noche del año en la que todos nos olvidamos de partidos políticos, de que si somos Caraquistas o Magallaneros, de peleas familiares, o cachos de los novios. Es la noche en donde todos nos sentamos a ver, criticar, y burlarnos de las misses. Pero también es la noche donde decimos Ay chica pero que vestido tan hermoso y al final, aplaudimos a la ganadora. Meses después cuando llega el Miss Universo para nosotros es el equivalente al Premio Nóbel de la Paz o como si Venezuela estuviése clasificando para la final de un Mundial de Fútbol. Cuando la nuestra resulta ganadora, Las Mercedes se tranca, la gente celebra, nos abrazamos y somos hermanos todos de nuevo. Por eso la cultura del Miss Venezuela, aunque sea completamente banal, es una de las cosas que más amo de nuestro país.

27 de octubre de 2010

La Venezuela que yo quiero


En mi graduación de la universidad 2006

Como casi todas las personas de mi generación, antes no entendía ni me importaba la política. La verdad, cuando uno es niño, en lo que menos está pensando es en eso. Viviendo en Caracas de pequeña, nos llevaron en varias oportunidades con el colegio a la Asamblea Nacional. Como la mayoría de mis compañeritos, lo que más me emocionaba no era el lugar donde se hacían las leyes, sino tener un día fuera de el colegio. Durante el Golpe de Estado de 1992 casualmente estábamos en Gochilandia, por lo cual no viví el caos que estaba ocurriendo en Caracas. Sin embargo, cuando regresamos a casa, descubrimos que una bala había roto la ventana de nuestra sala, y se había enterrado en la pared. En ese momento, no me imaginaba lo que aquel hecho histórico desencadenaría años después, y cómo el mismo cambiaría por siempre mi vida.

Cuando llegaron las elecciones de 1998, todavía no me interesaba mucho la política. Aunque estaba más grande y podía entender lo que estaba pasando, realmente tenía otras prioridades en mi vida, como cualquier típica niña de 14 años. Toda mi vida había querido estudiar la universidad en Venezuela. Legalmente era extremadamente complicado estudiar una carrera universitaria en este país al graduarse de un colegio americano. Por esa razón, precisamente en el año ’98, me cambié a un colegio venezolano (El Peñón). Años después cuando llegó la hora de graduarme de bachillerato, me vi enfrentada a la irónica situación de tener que irme del país. Era el año 2002 y, gracias a la entrada de Chávez al poder, el país parecía estar encaminado por una vía incierta. Al final, hice mis maletas y me fui a estudiar a la Universidad de Miami (UM). Para ese momento, la política había entrado a mi vida por completo y estaba afectado mis decisiones.

Aún desde el exterior, traté mantenerme activa en cuestión de política venezolana. Fundé UNIVEN, una organización para estudiantes venezolanos en UM, e hicimos varios eventos pequeños en los que llevamos a diferentes personas a hablar sobre la situación política de Venezuela. A pesar de no estar de acuerdo con la política de Chávez, considero que jamás he sido una persona radical. Por mi propia naturaleza como persona, me cuesta demasiado criticar algo sin primero intentar ver el otro punto de vista y tratar de entenderlo. Pienso que siempre es importante tener opiniones de los dos lados y estar consciente que existen varias versiones de la verdad.

Ese pensamiento se fundó en mí aún más después de aquel devastador resultado luego del Referéndum Revocatorio. Ahí comprendí que no estaba viendo la historia completa. De alguna forma me sentí engañada, porque la realidad es que, fraude o no, la oposición en ese momento no era mayoría. A partir de ahí los eventos que hicimos con UNIVEN fueron un poco más equilibrados, tratando de mostrar las dos caras de la moneda. Llevamos a un político de la Florida a dar una charla sobre lo que él había visto errado y sospechoso en esas elecciones. Pero por otro lado, también invitamos a un miembro del Centro Carter a contar su perspectiva sobre lo que él había visto como observador internacional. Era importante para mí que la gente se informara y viera los dos lados logrando que cada uno formara su propia opinión. Todo esto fue causando que, aunque no compartiera ciertas opiniones, tuviese la capacidad de escuchar ambas posiciones.

Lamentándolo mucho la situación en la que vivimos actualmente ha creado mucho odio entre los venezolanos. Mi mensaje al final de todo esto, es que eso no puede continuar. Nosotros tenemos que abrir los ojos y ver las cosas por como son. Hay que conciliar y conseguir una manera de dialogar. No puede ser que exista tanta intolerancia. Cada vez que oigo a alguien de la oposición o del chavismo insultar, o tratar de una manera despectiva al otro bando me llena de una profunda tristeza. Tenemos que entendernos y comprender el punto de vista del otro para que esto no ocurra más.

Hace unos meses recibí unos insultos de una persona adepta al gobierno. Mi respuesta hacia él fue que no existía razón por la cual él debía tratarme así. Al final, soy una persona más con sentimientos y nadie tiene derecho a menospreciarme. Le dije que si él quería convencerme de que yo estaba equivocada, entonces que me enseñara y me explicara por qué era ese el caso. Que sólo educando y dialogando podemos llegar a entendernos. Y es que así debe ser. No podemos convencer a nadie de que tenemos la razón si estamos cegados a los argumentos por los cuales ellos creen que están en lo correcto. Debemos ser inclusivos y dejar de atacar. Que el presidente hable con odio no nos da derecho a nosotros a hablar de la misma manera. Si él no da el ejemplo, entonces tenemos que darlo nosotros. La mejor lucha y la mejor pelea se gana enseñando.

Si queremos realmente lograr un cambio en este país tenemos que empezar siendo el ejemplo y con eso crear nuevas propuestas. Hay que aceptar que en este país estamos divididos por la mitad en cuanto a ideales políticos. Es por eso que es importantísimo que las propuestas y los proyectos que vayan a formar parte del país que todos al final queremos, tengan pedacitos de ideas de ambos lados. Aceptar lo bueno de cada uno y perfeccionarlo, y desechar lo que realmente no sirve y nunca servirá.

La política llegó a nuestra vidas para quedarse. Y si hay algo que a fin de cuentas todos tenemos que agradecerle a Chávez, es que nos despertó. Nos hizo dar cuenta de que el país es de todos nosotros, y que no se puede seguir siendo indiferente. A mí la política me cambió para siempre. Genuinamente creo que en el fondo todos queremos ser parte de lo mismo. Todos podemos tener ideales y maneras de pensar diferentes, pero a la vez, no queremos ser intolerantes, como tampoco queremos que sean intolerantes con nosotros. Todos queremos ser escuchados con respeto; la verdad, nos lo merecemos.

Tengo la fe de que nosotros tenemos la capacidad de unirnos. Tengo la esperanza de que llegará un día en que podamos entendernos y luchar juntos por construir un mejor lugar. Tengo la convicción de que el día llegará en el cual todos podremos ser el cambio que queremos ver en Venezuela.

7 de octubre de 2010

De Paisajes y Sueños




Barinas desde el carro

Rara vez tenemos la oportunidad de revivir los recuerdos de la infancia. Sin embargo, hay uno que tengo la suerte de poder recrear de vez en cuando. Evidementemente, nunca será lo mismo de cuando era pequeña, pero logro acercarme bastante. Viajar en carretera por Venezuela siempre será uno de los recuerdos más recurrentes de mi infancia. Puedo decir con certeza que no hay cómo viajar por las calles de nuestro país. La verdad es que ésta es una de las formas de llevarse con la mirada el más vivo reflejo de la Venezuela de verdad.



Descanso en Mérida en algún viaje

Cuando vivía en Caracas de pequeña, solía hacer varios viajes al año en carretera hasta Gochilandia con mi familia. Nuestros viajes siempre comenzaban con la eterna pelea entre mi hermano y yo de me pido la ventana, la cual indudablemente, siempre perdía yo. A pesar de que viajábamos solamente cuatro personas en el carro, era rara la vez que tuviésemos espacio suficiente atrás para que mi hermano y yo cada uno pudiese estar sentado en ‘una ventana.’ Por lo general el carro venía lleno de maletas, bolsos, regalos y hasta una que otra mata que mi mamá compraba en el camino. Nunca faltaban en nuestros viajes Rocío Durcal y Luis Miguel. Me atrevería decir que hasta el sol de hoy, cada vez que escucho alguna canción de Rocío Durcal, me siento como Anton Ego en Ratattouile, pues me hace regresar a algún carro pasando sobre algúna carretera entre las montañas de Venezuela. Los viajes en carretera de mi infancia sabían a carne en vara, agua panela, pirulines y frescolita. Olían a pasto quemándose, a gasolina, y hasta a baño de carretera (sí, ese olor). Solía mirar por la ventana y ver por horas a la gente que vivía en cada uno de esos pueblos. Me preguntaba cómo serían sus vidas, e imaginaba que eran felices con tan solo sentarse a ver carros pasar. Me encantaba cuando por alguna razón se nos daba la noche aún viajando. Me asomaba por la ventana a mirar las estrellas mientras me arropaba con una cobijita en el asiento trasero del carro.



Irónicamente una de mis partes favoritas de viajar en carretera era la entrada a Caracas, ya en el final de nuestros viajes. Me emocionaba ver las vallas y letreros que eran (y siguen siendo) parte de la ciudad. La valla lumínica de Nívea siempre será un tributo a aquella época; a medida que se encendían los aros sentía que estaba cada vez más cerca a casa. Había una valla inmensa de Café Fama de América a la cual mi papá siempre le cantaba por el aroma yo lo sé, limpiáte el cul* con papel toilet. Año tras año esto nos causaba risas sorprendidas a mi hermano y a mi por la grosería tan horrible que había dicho mi papá. Para mí toda esa experiencia resumía nuestros viajes en carretera. Era una oportunidad de estar sentados todos juntos en el carro por unas cuantas horas. Una oportunidad de cantar canciones de niños y escuchar Amor Eterno una vez más. Pero más que nada, era una oportunidad de ver a Venezuela.

Hoy en día aún disfruto viajar por las carreteras de nuestro país. Puedo recrear ese recuerdo de mi infancia de alguna forma, aunque ahora lo veo todo diferente. Todavía me gusta mirar por la ventana, pero ahora me doy cuenta que en cada uno de esos pueblos veo reflejado a la Venezuela de verdad. En cada pueblo y en cada ciudad por la que uno pasa, se encuentran las mismas historias repetidas. No importa si es Valencia o Tucupita; Venezuela está en todos lados. Al mirar por la ventana me gusta observar a los niños jugando descalzos con pelotas decoloridas, a las señoras sentadas en sillas de plástico viendo los carros pasar, y a los hombres tomando cerveza con la panza afuera mientras analizan su próxima jugada de dominó. Son las mismas historias pueblo tras pueblo, pero también son las mismas historias en la ciudad. Los niños sentados en la planta baja de algún edificio jugando pelota o Nintendo DS, las chismosas mirando a la vecina con alguna facha repetida, y los hombres gritándole al televisor con cerveza en mano, esperando la próxima carrera del partido de beisbol.


En la Gran Sabana después de 16 horas de carretera

Viajar por carretera me ha enseñado que todos somos iguales, y todos queremos lo mismo. Quizás lo queremos en diferentes escalas; pero al final, es lo mismo. Pasar por cada uno de esos pueblitos me hace dar cuenta que ahí está la Venezuela de verdad, de la misma manera que está en cualquier metrópolis del país. Lo que pasa es que en las ciudades grandes cuesta ver esa realidad. La política, el estrés y el ajetreo hace que se esconda esa Venezuela; la Venezuela de la gente amable, criolla, buena y solidaria.

Desde pequeña he visto las mismas imágenes por la ventana del carro; paisajes que a través de los años parecieran no cambiar. Cuando necesito sentir la Venezuela que a veces me cuesta encontrar en Caracas, me consuela saber que siempre la podré conseguir en algún pueblo, sobre alguna carretera en el medio de las montañas.

24 de septiembre de 2010

Querido Agustín




No has llegado todavía a nuestras vidas, y ya todos te queremos como eres. Estamos esperando ansiosamente tú llegada a este mundo. Si tan sólo supieras la cantidad de cosas que tuvieron que pasar para que llegaras aquí.

Tus abuelos hace muchos años se conocieron, y se enamoraron; de ahí nacieron tus papás. Tu papá y mamá hicieron su vida en lados completamente diferentes del mundo, con todo eso, eventualmente se consiguieron. Aprendieron a caminar, a equivocarse y a sonreir, como pronto aprenderás a hacer tú. Tus abuelos los regañaron incontables veces, pero siempre los quisieron y los apoyaron. Sé que tus papás serán así contigo. Tus abuelos hicieron un buen trabajo, criaron a tus papás con todo su amor, dándoles un ejemplo de familia, de respeto de cariño. Vas a crecer en una casa llena de risas, alegría y amor. Tienes unos papás maravillosos y con eso, ya tienes el regalo más grande del mundo.


Agustín, estás naciendo con la oportunidad de ser quien quieras ser. Tienes el apoyo y el cariño de todos, y por eso, tienes el mundo a tus pies. Si quieres ser astronauta, aplaudiremos tu primer viaje a la luna. Si quieres ser deportista, tu papá te ensañará todas las reglas del juego. Sin importar qué decidas ser, él siempre te las enseñará.

No creas que son solo tús papás quien esperan por ti. Tus abuelos llevan años esperándote. Tu abuela Adriana ha pasado años perfeccionando el arte de tomar fotos para que salgas hermoso en cada una de ellas (aunque sé que saldrás hermoso hasta con el fotógrafo más inexperto). Tu Nono César ha pasado años poniendo sus brazos y barriga más rellenos para que duermas plácidamente en ellos. Papío y Mamía llevan años esperándote para que les enseñes a jugar con pelotas y carritos, pues ellos solo conocen Barbies y princesas.

Naciste en un país lleno de oportunidades, lleno de cosas maravillosas que sé apreciarás en su debido momento. Pero no quiero que olvides nunca de dónde eres de verdad. Vienes de dos países maravillosos, Venezuela y Colombia. Dos países que tienen un calor y un sabor incomparable con cualquier otro. En el momento que naces, Colombia está lentamente saliendo de una guerra muy triste que causó mucho daño a tu gente. Sin embargo, como todo, la gente sanó sus heridas y se está levantando. Venezuela está en un lugar un poco más complicado. Espero que cuando puedas leer esto, ya esa no sea la situación. Venezuela es un país maravilloso, con gente alegre y con mucho corazón. Nunca olvides eso. Quiero que mantengas siempre tus tradiciones, y no dejes que nadie te las quite. Pide la bendición a tús tíos y abuelos, escucha gaitas y vallenatos, come hallacas y buñuelos y pídele regalos al Niño Jesús. Manténte siempre unido a tu familia, pues somos lo más importante en tu vida.

Como tu tía hay varias cosas que quiero aprendas y entiendas de la vida. El mundo tiene cosas maravillosas que vas a llegar a descubrir. Pero también quiero que sepas que la vida tiene cosas muy tristes. Quiero que sepas que está bien. Vas a fracasar seguramente en algunas cosas, pero también serás exitoso en muchas otras. Recuerda siempre levantarte y sin importar lo que vivas, mirar hacia adelante. La vida te pondrá muchos retos, pero pase lo que pase, jamás te rindas. Si luchas por lo que quieres, sé que lo conseguirás. Es importante que aprendas a distinguir entre el Bien y el Mal, y cuando te encuentres en una encrucijada, siempre escoje el bien. Si escojes el Bien, tarde o temprano, Dios te va a premiar.

Escúcha a los demás aunque no estés de acuerdo con lo que dicen. A veces las opiniones más diferentes pueden llegar a abrir tus ojos de una manera que jamás creerías. Una sonrisa puede lograr mucho más de lo que te imaginas. Decir Buenos Días y Buenas Tardes es muy importante también, pero lo más importante es siempre decir Gracias. Tienes mucho que agradecer, pues Dios te está dando todo, todos los días. Sé siempre cariñoso y aprende a pedir perdón cuando sea necesario. Dí ‘Te Quiero’ cada vez que puedas, créeme que nunca se vuelve repetitivo.
Quiero que sepas que sin importar lo que hayas hecho, siempre puedes contármelo. Prometo que si me lo pides, no se lo contaré a tus papás. Aunque te confieso que estoy segura que a ellos también podrás contarles lo que quieras. Eso sí, hagas lo que hagas, bajo ninguna circumstancia puedes ser fanático de los Yankees. Creo que tu papá te perdonaría si te vuelves fan del Barca, pero de los Yankess, no estoy tan segura.

Agustín, aquí te esperamos con los brazos abiertos y con el corazón lleno de amor para darte. Te quiero muchísimo aunque aún no te haya dado ni el primer abrazo. En el momento que te lo dé lo sentirás.

Tu Tía, Fabiana.

I'm Back!



Disculpenme la ausencia! He estado un poco enredada con trabajo y vacaciones. Pero aquí estoy de vuelta para seguir contándoles de mi vida.
Un abrazo!
Fabi.

27 de julio de 2010

Nuestras Diferencias


Instantes antes de soltar la escoba y coleto para siempre

Hombres y mujeres. El eterno dilema de quién entiende a quien. Claramente tenemos diferencias que se empiezan a notar desde que somos niños. Es impresionante ver cómo nuestro sexo nos define. Sin embargo, siempre existen actos de rebeldía en los que no entramos en los típicos parámetros de nuestro sexo. Cuando yo tenía aproximadamente 3 años me regalaron un juego de una escoba y coleto. Yo estaba absolutamente emocionada jugando con él hasta el momento en que me dijeron que a partir de ahí podría ayudar a mi mamá a limpiar la casa. En ese instante, solté la escoba y más nunca la volví a tocar. Qué va. Yo no iba ser un ama de casa. Por ese lado no era la típica niña, yo no quería saber nada de limpiar ni atender invitados, yo iba a tener un trabajo en una oficina. Por otro lado, uno de mis juegos favoritos era el de la mamá y el papá, eso era impelable en la hora del juego. Irónicamente hoy en día soy las dos, cosa que creo que nos pasa a casi todas las mujeres.



Me impresiona como cada sexo viene desde niño con un chip implantado adentro que determina qué tipo de cosas nos va a gustar. Recuerdo que de pequeña yo jugaba con mis Barbies y cuando le pedía a mi hermano que jugara conmigo, él se limitaba a usar el carro de la muñeca nada más. Estuve de babysitter recientemente en Miami cuidando a mi primo/ahijado Santiago; el ejemplo más claro del típico varón. Basta con que pongas por un segundo cualquier deporte en la televisión para que él se quede como una estatua concentrado viéndolo. No importa si es una pelea de metras, cricket, o bolas criollas; el carajito ama ver un deporte. Lo mismo ocurre con los aviones y los carros. Cómo es posible que un niño de 4 añitos esté pendiente de cual aerolínea estará volando sobre nosotros? Aún no lo entiendo. Por otro lado, mi primita Camila tiene 2 años y desde ya es extremadamente coqueta. Lo mejor que le puedes regalar es una cartera con maquillaje. Lástima que ya no venden los kits de MaquiClub o de Melody, cómo gozaría ella con eso. Definitivamente, hay cosas que vienen dentro de nosotros de nacimiento.


El hombrecito Santiago

Considero que entiendo a los hombres bastante gracias a haberme criado con un hermano mayor. Aprendí a tenerle tolerancia a la incesante conversación sobre el deporte. Una cena en mi casa no era cena sin el típico Viste cuánto bateó Griffey? Por otro lado, no entiendo mucho sobre las cosas de hombres, mi hermano es mayor que yo y no me tocó lidiar con eso. A Santiago más de una vez me toco llevarlo al baño. Yo no sabía que hacer, era toda una confusión para mi. Cuando terminaba de hacer pipí, entraba mi dilema. Tenía que limpiarlo? Cómo funciona esa cuestión? No sabía si ayudar a lavárselo con agua y jabón o secarlo con papel. Le pregunté que cual era el mecanismo, a lo que me respondió Marrina, no hay que limpiarlo, para eso está el interior. Estoy segura que mi tía no le enseñó eso. Asumo que el día que tenga un varón seré una experta en el tema. Quizás en ese momento sabré mucho más sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres.

Las mujeres claramente somos enredadas. Aunque por suerte, heredé de mi mamá lo mejor que se puede heredar: ser descomplicada. La verdad, estoy segura que la mayoría de las mujeres dicen lo mismo: Yo? cuaima? qué va. Naaada que ver. Pero bueno, que puedo decir, considero que realmente no soy así. No me gusta pasarme horas de shopping, ni me fijo qué tiene puesto quién. Es más, soy tan distraída que he llegado a ponerme lo mismo 2 días seguidos. Lo guardo en el clóset y al día siguiente lo veo y no tengo ningún recuerdo de haberlo utilizado el día anterior. Es a media tarde que me entra una luz y recuerdo lo que pasó. Oops.

Claramente hay cientas de diferencias entre los hombres y las mujeres. Muchas las impone la misma sociedad, no necesariamente nacen con nosotros. A las mujeres (en general, siempre hay excepciones para todo) nos llega un momento en el que nos toca que aceptar y balancear ser ‘mujeres del siglo 21,’ que trabajamos y tenemos una carrera, con ser mujeres de los años 50 y atender nuestro hogar. Los hombres por otro lado, los crían a ser hombres. Es raro ver un hombre que se tenga que preocupar por la opción de ser ‘ama de casa’ o businessman. Evidementemente, estoy segura que esa presión de ser el que ‘pone el pan en la mesa’ no debe ser nada fácil. Seguramente habrá más de uno que lo que más le gustaría es quedarse en casa cuidando a los niños y no lo hacen porque Oh! Qué dirá la sociedad!

Diferencias entre nosotros hay miles y varían desde lo más pequeño hasta lo más grande. Nunca llegaremos a entendernos completamente, mucho menos si nos pasamos el tiempo preguntándonos por qué somos tan diferentes. La clave está en aceptarnos y tratar en lo posible de entendernos, quizás así encontraremos más similitudes que diferencias.

14 de julio de 2010

El Mundial no es de Fútbol




No hay nada como la emoción de un Mundial de Fútbol. Ese sentimiento tan rico en que todos somos uno. Un mes cada cuatro años en el que no importan las diferencias, solo el color de la camisa. Un momento en que nos olvidamos de la política y los problemas de la vida diaria y nuestro mundo se convierte en un balón.

Mi primer recuerdo de un Mundial fue el del año 1994. Ese mes del fue uno muy particular en nuestras vidas, pues eran nuestras pequeñas vacaciones antes de irnos a vivir a la India. El Mundial fue la excusa perfecta para compartir con la familia antes de tener que irnos al otro lado del mundo. Mi recuerdo más grande fue, por supuesto, la sufrida final. Evidentemente fue una final memorable para todos los que siguen el deporte, pero en mi familia generó una ‘discordia’ muy particular. Vengo de una familia originalmente italiana, por lo cual es lógico pensar que estábamos ligando que Italia se declarara campeón. La verdad, no fue así. La mitad de la familia le iba a Italia, y la otra mitad a Brasil. Yo tenía (y aún tengo) la excusa perfecta para seguir el
jogo bonito pues nací en Brasil. Sin embargo, ese no era el caso de ninguna otra persona más, cosa que causaba rabia en la otra mitad de la familia. Recuerdo perfecto estar todos sentados frente al televisor en casa de la Nonna de mi papá. Cada quien vestido en sus respectivos colores y gritando como si los equipos dependieran de nosotros para anotar un gol. Está demás decir que para el final del partido el chalequeo y la cizaña se ponían cada vez más pesados y hubo más de un familiar molesto que se paro y se fue para otro lugar sin mirar atrás. Hoy en día pienso que realmente fue una final especial, no porque fuera de Brasil-Italia, sino porque nos dió la oportunidad de compartir en familia a todos. Incluyendo a tíos abuelos y primos segundos a los que el tiempo y la vida nos ha llevado por otros caminos. Poco tiempo después de ese partido estaríamos montándonos en uno de varios aviones que nos llevarían a New Delhi.

Partido Italia - Francia

Entre mundial y mundial la vida nos llevó del timbo al tambo, y ya para el ’98, estábamos viviendo de nuevo en nuestra adorada Caracas. Para ese momento el fanatismo por el deporte nos llevó a París donde tuvimos la oportunidad de presenciar y sentir lo que es un Mundial en vivo. Si recuerdan haber visto alguna bandera de Venezuela en el partido Francia - Italia, probablemente era la mia. No podíamos dejar de hacerle honor a esa tradición tan venezolana como es la de tener una bandera de nuestro país en cualquier estadio, partido o deporte en el mundo. La emoción que sentímos al entrar al Stade de France fue indescriptible, sin embargo, nada pudo superar escuchar el himno de Francia sonando a todo volumen. Ojo. Yo no soy francesa, ni le iba a Francia, pero rodáte tú de miles de franceses cantando su himno emocionados a todo pulmón, y dime si no te emociona. Nos gozamos varios juegos cargando nuestra banderota, la cual la gente miraba con curiosidad. Lamentándolo mucho, la compañía que nos vendió el paquete con las entradas se aprovechó de que Francia había llegado a la final y nunca nos entregaron nuestras entradas. Meses después nos pagaron el paquete completo como compensación...así sería lo que le ganaron a las entradas de la final revendidas. Ese juego lo vimos unas 50 personas en el lobby del hotel a través de un pequeño televisor. A pesar de nuestros gritos, Taffarel no logró parar los goles y Francia se convirtió en el vencedor. Seguramente hubo una centena de personas que en ese momento salieron a celebrar eufóricos a Las Mercedes en Caracas.


Final España - Holanda 2010

Un Mundial realmente se convierte en un evento deportivo único. Nos creemos españoles, portugueses, italianos, brasileros. Creemos que sabemos más que el técnico y criticamos sus decisiones. Peleamos contra los delanteros por no chutar como era (como si fuese tan fácil). Pasamos horas pegando barajitas en nuestros álbumes Panini esperando ser el primero de nuestros amigos en llenarlo. Pero la verdad es que el Mundial de lo que menos se trata es del fútbol. Sí, por supuesto, todos estamos viendo el deporte, rezándole al Pulpo Paul a ver si nuestro equipo favorito mete un gol y pasa a la siguiente ronda. Pero a la hora de la chiquita, el Mundial se trata sobre familia y amigos. Se trata sobre sentarse a ver un partido junto a las personas que más queremos y pelear por sobre si fue o no fue offside. Se trata sobre sacarnos los unos a los otros tarjetas amarillas. Se trata sobre abrazarnos cuando hay un gol. Se trata sobre soñar en el día en que escuchemos el Gloria al Bravo Pueblo en un partido junto a nuestros mejores amigos, llorando como niños. Un Mundial se trata sobre, comer, tomar y vivir. Se trata sobre compartir.