21 de abril de 2010

Passage to India




Parte Uno

Una mañana de 1994 mi papá llamó a mi mamá a decirle que le acaban de informar en el trabajo que lo estaban transfiriendo para la India. Mi mamá, al terminar de hablar con él, colgó el teléfono y siguió durmiendo. Al despertarse creyó que todo había sido un sueño. Estaba equivocada.

La verdad, no recuerdo de cómo me enteré de que me iba a vivir a la India. Para mí, la India era desconocida pues no sabía ni siquiera ubicarla en un mapa (lógico para alguien de 10 años). Al principio, mis papás dudaron sobre si la mejor decisión sería irnos. Les regalaron un libro sobre cómo es la vida en India llamado India File y lo que hizo fue asustarlos. Nunca terminaron el libro y sencillamente tomaron la decisión. Nos iríamos a vivir a New Delhi, y, si no nos adaptábamos, nos regresaríamos.

Con eso, la decisión estaba tomada. Empacamos nuestras maletas y nos fuimos una última vez a pasar nuestras vacaciones en Margarita y Gochilandia. La despedida de la familia fue lo más trágico. La India es en el otro extremo del mundo, y, en esa época, se sentía aún más lejos, como en otra galaxia. No existía la internet comercialmente y para llamar por teléfono era complicadísimo. Nunca olvidaré la despedida en el aeropuerto de Gochilandia, todos llorábamos sin parar: Mis abuelos, tíos, papás, hermano y yo. Recuerdo que cuando subíamos las escaleras hacia el avión una señora me preguntó “por qué está llorando toda tu familia? Que pasó?” Probablemente yo, siendo esa señora, también hubiese preguntado.

Viajar a la India tarda, aproximadamente, 24 horas. Volamos en KLM hasta Amsterdam (que toma unas 9 horas), ahí esperamos unas 5 horas para el siguiente vuelo, y de ahí a New Delhi 10 horas más. La compañía nos pagaba pasajes en primera clase, y nosotros estábamos emocionadísimos. Nunca había viajado en primera clase y mi hermano y yo pasamos los dos vuelos cambiando los canales de los televisores personales sin parar. La emoción pasó a una mezcla de miedo y tristeza en el momento en que aterrizamos. Recuerdo con perfección que aterrizamos de noche, y ver a través de las ventana las luces de la ciudad y sentir una lágrima bajar por mi mejilla al caer en la realidad de dónde estábamos. En el momento en que se abrieron las puertas y nos bajamos del avión, entró un olor sorprendente a nuestras narices. El olor de la India es difícil de describir, es una mezcla de smog, calima, tierra, curry y especies; todo a la vez. Un olor que podría identificar perfectamente por el resto de mi vida. Te rodea inmediatamente, pues se encuentra en el aire. Toma varios días para que olor se vuelva imperceptible, pero la verdad, siempre está ahí. Lo primero que notamos al entrar al aeropuerto de Delhi fue el cambio de color. En la India todo tiene una tonalidad tierra. Fue como entrar en el túnel del tiempo; como conseguir un cajón lleno de fotografías color sepia y atravesarlas. El cielo estaba oscuro ya que era tarde en la noche, y con ese cansancio nos fuimos hasta el hotel. Queríamos verlo todo, reconocer la ciudad de golpe, pero no nos dió tiempo. En 10 minutos llegamos al hotel, y prácticamente directo a la cama.


En el Hyatt

Nuestro primer día en Delhi estuvo lleno de ansiedad. Mi papá tuvo que irse temprano a la oficina y mi mamá, mi hermano y yo nos quedamos en la habitación. La habitación quedaba en un piso alto del hotel desde la cual teníamos una vista interesante de New Delhi. Veíamos una parada de tren de la cual se bajaban cientas y cientas de personas de cada vagón, una piscina pública inmunda, completamente negra, gente por docenas caminando, paseando, carros antiguos, Hombres y policías caminando agarrados de mano, mujeres obreras con ladrillos en la cabeza. Veíamos mil cosas a la vez. Mi hermano y yo queríamos bajar a conocer el hotel, pero mi mamá no quería dejarnos ni salir de la habitación. Estaba asustada y abrumada por ese cambio tan radical de ambiente en el cual nos encontrábamos. Al fin llegó mi papá a la hora del almuerzo y bajamos a almorzar y explorar. Otra de las primeras impresiones que tuvimos en Delhi fue con respecto a la comida. Absolutamente todo lo que probábamos era picante, era difícil conseguir algo que no lo fuera. Por un buen tiempo mi hermano se alimentó de Naan (un pan parecido al pan pita) ya que no soportaba el sabor a picante. El hotel tenía varios restaurantes, y, sin importar si era Italiano, Francés o Japonés, todo tenía picante. Poco a poco nos fuimos acostumbrando al sabor del curry y el picante, poco a poco nos fuimos acostumbrando a la India.

Nuestro apartamento, el del toldo rojo


Permiso residencial

El Hyatt se volvió nuestro hogar por los próximos 3 meses. La casa donde nos tocaba vivir mientras conseguíamos algo más apto era completamente asquerosa. Llena de moho y de sucio. Mis papás decidieron quedarse en el Hyatt mientras conseguían algo nuevo. No fue fácil conseguir vivienda pues vendían casa insólitas. Una que nos gustó tenía una piscina hermosa, pero la piscina no tenía motor. Era, básicamente, un estanque de agua 'aparentemente' limpia. De tanto buscar eventualmente mis papás consiguieron un apartamento en Vasant Vihar. En ese momento la preocupación comenzó a girar en torno a amoblarlo. No traíamos sino la ropa necesaria. Era necesario comprar desde los cubiertos hasta las camas; tarea que demostró ser nada fácil. El primer día que nos llevaron al 'Shopping Center' llamado Vasant Lock nos quedamos estupefactos. No era ningún Shopping Center. Era algo así como el Boulevar de Sabana Grande con tiendas que parecían bodegones de pueblo. De un pueblo muy pobre. Ollas guindando del techo, aparatos en las paredes, todo un desastre. Uno por uno fuimos comprando cada utensilio y herramienta necesarios para formar un hogar. Los muebles fueron aún más complicados pues los estándares de muebles en la India son completamente diferentes a los nuestros. Había que tomar la medida de cada uno, no era tan sencillo como pedir una mesa para 6 o una cama Queen. A mi mamá le tocó medir lado por lado y altura para que los carpinteros los hicieran como queríamos.


Así, poco a poco, fuimos creando un hogar en New Delhi: con mucha impresión y temor sobre lo que podría ser nuestra vida allá. Poco nos imaginábamos que ese viaje cambiaría nuestras vidas y nos llenaría de recuerdos, momentos, y experiencias inolvidables y sobretodo que a partir de ese momento llevaríamos para siempre a la India en nuestros corazones.


Parte 2: Formando un Hogar


Vestida de India


Ina Market uno de los "Shopping Center'


Haciendo las cortinas en la sala de la casa

Cortando cordero con los pies....yummiii

5 comentarios:

  1. Fabi volvi a revivir nuestra llegada a Delhi, fue duro, pero una experiencia increible que marco nuestras vidas, hicimos amigos que nunca olvidaremos.....
    Como tu dices la India se quedo en nuestros corazones.

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  2. Quiero saber masssss!!! Es súper interesante :)

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  3. Que nota de hostoria... Yo estoy loca por irme a la India, parte de un reto personal... Quisiera saber más te dejo mi twitter para conversar @lalviarez ... Por cierto la de la foto de niños, es Mariel Rincón?? Que pequeño es el mundo... Saludos...

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  4. Dios que experiencia tan fascinante, tu descriptiva es tan buena que casi puedo percibir el olor del aire Hindù...despuès del blog y a lo largo de tu vida deberìas considerar escribir un libro jajaja (es en serio. Lo metes a uno en tus vivencias y queriendo saber un poco màs...no me canso de felicitar tu don de escritura

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  5. A pesar de sus pesares jajaja tremenda experiencia!!! lo más importante es sacar lo mejor de cada cosa que uno vive.. y eso fue lo que hiciste!! :D

    Jess

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