27 de julio de 2010

Nuestras Diferencias


Instantes antes de soltar la escoba y coleto para siempre

Hombres y mujeres. El eterno dilema de quién entiende a quien. Claramente tenemos diferencias que se empiezan a notar desde que somos niños. Es impresionante ver cómo nuestro sexo nos define. Sin embargo, siempre existen actos de rebeldía en los que no entramos en los típicos parámetros de nuestro sexo. Cuando yo tenía aproximadamente 3 años me regalaron un juego de una escoba y coleto. Yo estaba absolutamente emocionada jugando con él hasta el momento en que me dijeron que a partir de ahí podría ayudar a mi mamá a limpiar la casa. En ese instante, solté la escoba y más nunca la volví a tocar. Qué va. Yo no iba ser un ama de casa. Por ese lado no era la típica niña, yo no quería saber nada de limpiar ni atender invitados, yo iba a tener un trabajo en una oficina. Por otro lado, uno de mis juegos favoritos era el de la mamá y el papá, eso era impelable en la hora del juego. Irónicamente hoy en día soy las dos, cosa que creo que nos pasa a casi todas las mujeres.



Me impresiona como cada sexo viene desde niño con un chip implantado adentro que determina qué tipo de cosas nos va a gustar. Recuerdo que de pequeña yo jugaba con mis Barbies y cuando le pedía a mi hermano que jugara conmigo, él se limitaba a usar el carro de la muñeca nada más. Estuve de babysitter recientemente en Miami cuidando a mi primo/ahijado Santiago; el ejemplo más claro del típico varón. Basta con que pongas por un segundo cualquier deporte en la televisión para que él se quede como una estatua concentrado viéndolo. No importa si es una pelea de metras, cricket, o bolas criollas; el carajito ama ver un deporte. Lo mismo ocurre con los aviones y los carros. Cómo es posible que un niño de 4 añitos esté pendiente de cual aerolínea estará volando sobre nosotros? Aún no lo entiendo. Por otro lado, mi primita Camila tiene 2 años y desde ya es extremadamente coqueta. Lo mejor que le puedes regalar es una cartera con maquillaje. Lástima que ya no venden los kits de MaquiClub o de Melody, cómo gozaría ella con eso. Definitivamente, hay cosas que vienen dentro de nosotros de nacimiento.


El hombrecito Santiago

Considero que entiendo a los hombres bastante gracias a haberme criado con un hermano mayor. Aprendí a tenerle tolerancia a la incesante conversación sobre el deporte. Una cena en mi casa no era cena sin el típico Viste cuánto bateó Griffey? Por otro lado, no entiendo mucho sobre las cosas de hombres, mi hermano es mayor que yo y no me tocó lidiar con eso. A Santiago más de una vez me toco llevarlo al baño. Yo no sabía que hacer, era toda una confusión para mi. Cuando terminaba de hacer pipí, entraba mi dilema. Tenía que limpiarlo? Cómo funciona esa cuestión? No sabía si ayudar a lavárselo con agua y jabón o secarlo con papel. Le pregunté que cual era el mecanismo, a lo que me respondió Marrina, no hay que limpiarlo, para eso está el interior. Estoy segura que mi tía no le enseñó eso. Asumo que el día que tenga un varón seré una experta en el tema. Quizás en ese momento sabré mucho más sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres.

Las mujeres claramente somos enredadas. Aunque por suerte, heredé de mi mamá lo mejor que se puede heredar: ser descomplicada. La verdad, estoy segura que la mayoría de las mujeres dicen lo mismo: Yo? cuaima? qué va. Naaada que ver. Pero bueno, que puedo decir, considero que realmente no soy así. No me gusta pasarme horas de shopping, ni me fijo qué tiene puesto quién. Es más, soy tan distraída que he llegado a ponerme lo mismo 2 días seguidos. Lo guardo en el clóset y al día siguiente lo veo y no tengo ningún recuerdo de haberlo utilizado el día anterior. Es a media tarde que me entra una luz y recuerdo lo que pasó. Oops.

Claramente hay cientas de diferencias entre los hombres y las mujeres. Muchas las impone la misma sociedad, no necesariamente nacen con nosotros. A las mujeres (en general, siempre hay excepciones para todo) nos llega un momento en el que nos toca que aceptar y balancear ser ‘mujeres del siglo 21,’ que trabajamos y tenemos una carrera, con ser mujeres de los años 50 y atender nuestro hogar. Los hombres por otro lado, los crían a ser hombres. Es raro ver un hombre que se tenga que preocupar por la opción de ser ‘ama de casa’ o businessman. Evidementemente, estoy segura que esa presión de ser el que ‘pone el pan en la mesa’ no debe ser nada fácil. Seguramente habrá más de uno que lo que más le gustaría es quedarse en casa cuidando a los niños y no lo hacen porque Oh! Qué dirá la sociedad!

Diferencias entre nosotros hay miles y varían desde lo más pequeño hasta lo más grande. Nunca llegaremos a entendernos completamente, mucho menos si nos pasamos el tiempo preguntándonos por qué somos tan diferentes. La clave está en aceptarnos y tratar en lo posible de entendernos, quizás así encontraremos más similitudes que diferencias.

14 de julio de 2010

El Mundial no es de Fútbol




No hay nada como la emoción de un Mundial de Fútbol. Ese sentimiento tan rico en que todos somos uno. Un mes cada cuatro años en el que no importan las diferencias, solo el color de la camisa. Un momento en que nos olvidamos de la política y los problemas de la vida diaria y nuestro mundo se convierte en un balón.

Mi primer recuerdo de un Mundial fue el del año 1994. Ese mes del fue uno muy particular en nuestras vidas, pues eran nuestras pequeñas vacaciones antes de irnos a vivir a la India. El Mundial fue la excusa perfecta para compartir con la familia antes de tener que irnos al otro lado del mundo. Mi recuerdo más grande fue, por supuesto, la sufrida final. Evidentemente fue una final memorable para todos los que siguen el deporte, pero en mi familia generó una ‘discordia’ muy particular. Vengo de una familia originalmente italiana, por lo cual es lógico pensar que estábamos ligando que Italia se declarara campeón. La verdad, no fue así. La mitad de la familia le iba a Italia, y la otra mitad a Brasil. Yo tenía (y aún tengo) la excusa perfecta para seguir el
jogo bonito pues nací en Brasil. Sin embargo, ese no era el caso de ninguna otra persona más, cosa que causaba rabia en la otra mitad de la familia. Recuerdo perfecto estar todos sentados frente al televisor en casa de la Nonna de mi papá. Cada quien vestido en sus respectivos colores y gritando como si los equipos dependieran de nosotros para anotar un gol. Está demás decir que para el final del partido el chalequeo y la cizaña se ponían cada vez más pesados y hubo más de un familiar molesto que se paro y se fue para otro lugar sin mirar atrás. Hoy en día pienso que realmente fue una final especial, no porque fuera de Brasil-Italia, sino porque nos dió la oportunidad de compartir en familia a todos. Incluyendo a tíos abuelos y primos segundos a los que el tiempo y la vida nos ha llevado por otros caminos. Poco tiempo después de ese partido estaríamos montándonos en uno de varios aviones que nos llevarían a New Delhi.

Partido Italia - Francia

Entre mundial y mundial la vida nos llevó del timbo al tambo, y ya para el ’98, estábamos viviendo de nuevo en nuestra adorada Caracas. Para ese momento el fanatismo por el deporte nos llevó a París donde tuvimos la oportunidad de presenciar y sentir lo que es un Mundial en vivo. Si recuerdan haber visto alguna bandera de Venezuela en el partido Francia - Italia, probablemente era la mia. No podíamos dejar de hacerle honor a esa tradición tan venezolana como es la de tener una bandera de nuestro país en cualquier estadio, partido o deporte en el mundo. La emoción que sentímos al entrar al Stade de France fue indescriptible, sin embargo, nada pudo superar escuchar el himno de Francia sonando a todo volumen. Ojo. Yo no soy francesa, ni le iba a Francia, pero rodáte tú de miles de franceses cantando su himno emocionados a todo pulmón, y dime si no te emociona. Nos gozamos varios juegos cargando nuestra banderota, la cual la gente miraba con curiosidad. Lamentándolo mucho, la compañía que nos vendió el paquete con las entradas se aprovechó de que Francia había llegado a la final y nunca nos entregaron nuestras entradas. Meses después nos pagaron el paquete completo como compensación...así sería lo que le ganaron a las entradas de la final revendidas. Ese juego lo vimos unas 50 personas en el lobby del hotel a través de un pequeño televisor. A pesar de nuestros gritos, Taffarel no logró parar los goles y Francia se convirtió en el vencedor. Seguramente hubo una centena de personas que en ese momento salieron a celebrar eufóricos a Las Mercedes en Caracas.


Final España - Holanda 2010

Un Mundial realmente se convierte en un evento deportivo único. Nos creemos españoles, portugueses, italianos, brasileros. Creemos que sabemos más que el técnico y criticamos sus decisiones. Peleamos contra los delanteros por no chutar como era (como si fuese tan fácil). Pasamos horas pegando barajitas en nuestros álbumes Panini esperando ser el primero de nuestros amigos en llenarlo. Pero la verdad es que el Mundial de lo que menos se trata es del fútbol. Sí, por supuesto, todos estamos viendo el deporte, rezándole al Pulpo Paul a ver si nuestro equipo favorito mete un gol y pasa a la siguiente ronda. Pero a la hora de la chiquita, el Mundial se trata sobre familia y amigos. Se trata sobre sentarse a ver un partido junto a las personas que más queremos y pelear por sobre si fue o no fue offside. Se trata sobre sacarnos los unos a los otros tarjetas amarillas. Se trata sobre abrazarnos cuando hay un gol. Se trata sobre soñar en el día en que escuchemos el Gloria al Bravo Pueblo en un partido junto a nuestros mejores amigos, llorando como niños. Un Mundial se trata sobre, comer, tomar y vivir. Se trata sobre compartir.

18 de junio de 2010

Un Nenuco de Verdad


Nenuco y yo

Cuando tenía 4 años, el niño Jesús me trajo a mi mejor amiga: Nenuco. Mi muñeca y yo nos convertimos en amigas inseparables, cómplices ante cualquier tremendura que pudiéramos hacer. A partir de ese momento, Nenuco siempre me acompañó a cualquier viaje o mudanza. La muñeca tiene marcas innegables de mi niñez: la cabeza llena de alfileres que le metí por la boquita, la mancha de café en la barriga debido a un accidente ocurrido en un avión entre España y Venezuela, una 'cortada' en el muslo ocasionada con una tijerita de costurero, entre muchas cosas más. Nenuco era mi confidente, a la cual yo le contaba todos mis secretos y sueños. Yo no tenía ni la menor duda de que mi queridísima muñeca me escuchaba atentamente a todo lo que le decía. Estaba segura de que cuando yo salía del cuarto, cobraba vida cual Woody y Buzz en Toy Story.

Mi cariño por Nenuco duró muchísimos años, aunque, por supuesto, con el tiempo dejé de contarle mis historias y se convirtió únicamente un objeto cual abrazaba a la hora de dormir. El día en que me mudé al dorm de mi Universidad, coloqué a Nenuco en mi cama, pues pensaba seguir durmiendo con ella. Mi 'simpatiquísima' roomate entró al cuarto y se quedó horrorizada pensando que se iba a conseguir con una tremenda 'galla' que seguía durmiendo con una muñeca a esas alturas de la vida. No hizo mucha diferencia para mi, pues Nenuco siguió durmiendo a mi lado. Hoy en día la tengo guardada esperando que algún día mi hija duerma con ella como lo hice yo.


Santiago (mi ahijado de 4 años) y su hermanito
Gustavo Alejandro de 1 semana

El reemplazo de Nenuco llegó después de 9 meses de vivir en la barriga de mi tía Claudia. Cambié la muñeca por un bebé hermoso que me hacía reir muchísimo. Con Santiago he compartido innumerables juegos y risas. De ahí han pasado 4 años y me encuentro ahora acompañando a mi tía en los primeros días de vida de su segundo hijo Gustavo Alejandro. Un bebé evidentemente no es un juguete (cosa que mi mamá y yo debemos repetir mil veces, a ver si así aprendemos), sin embargo, qué sabroso es jugar con ellos! Un bebé en definitiva nos trae mil alegrías a la vida. Un bebé cambia todo. En este momento he disfrutado del nacimiento de 6 primos pequeños (con los otros 7 primos yo estaba chiquita todavía), y este año al fin tendré la alegría de recibir a mi primer sobrino (no quiero imaginarme la locura que será). En definitiva, las niñas pasamos de querer y cuidar a un Nenuco, a querer y cuidar a un bebé de verdad. Me supongo que el instinto maternal lo tenemos presente desde que nos regalan nuestra primera muñeca.



Un bebé no es un juguete...un bebé no es un juguete...un bebé no es...


Gustavo Alejandro y yo

9 de junio de 2010

Primocomulgante


Mi Primera Comunión 1993

Uno de los días más emocionantes para mi, fue el día de mi primera comunión. Sin embargo, la historia detrás de ese evento fue un poco alocada. El único colegio religioso en el cual he estudiado fue el San Patricio en Madrid. En esa época era tan pequeña, que la mayoría de las cosas que aprendí de religión se esfumaron de mi mente. De ahí pasé a estudiar estrictamente a colegios americanos ya que facilitaba el traslado cuando nos mudábamos. Estábamos viviendo en Caracas cuando nos informaron sobre nuestra mudanza a la India. Nuestra vida se puso patas arriba y todo fue un corre-corre. Mis papás decidieron hablar con una tía que es monja y que en ese momento era directora del Colegio María Auxiliadora. Llegamos a un acuerdo en el cual me darían clases particulares de catecismo 3 tardes por semana, y luego haría la Primera Comunión. Aprendí todo lo que tenía que aprender sobre Jesús en cuestión de 2 meses.
Quizás uno de los anécdotas más graciosos fue lo que ocurrió días antes de mi Primera Comunión. Ya para ese momento había aprendido todo lo necesario y había llegado la hora de hacer mi primera confesión. Estaba extremadamente nerviosa cuando entré a hablar con el padre. Probablemente habré confesado una que otra mentirilla o quizás alguna discusión con mi hermano. Mi gran sorpresa fue cuando el Padre me mando como penitencia rezar 3 Ave Marías. Sentí alivio y al salir del confesionario se lo hice saber a mi mamá. Yo estaba segura que el Padre me iba a mandar a hacer 5 saltos de rana y darle 3 vueltas a la iglesia. A los 9 años era aún muy inocente y pensaba que esas eran el tipo de penitencias que los curas mandaban a los pecadores (juro que esta historia es verdad!).

Cuando al fin llegó el día de mi primera comunión, estaba súper contenta. El sábado 29 de mayo de 1993 llegamos toda la familia a la capilla del Colegio María Auxiliadora donde recibí, solamente yo, mi Primera Comunión. De ahí fuimos a mi casa en Chuao donde tuvimos un brunch para los invitados. Vino toda mi familia de Gochilandia, incluyendo a mi abuelo César que estaba muy enfermo. Fue una linda oportunidad para compartir y gracias a Dios pudimos estar todos juntos ese día ya que menos de un mes después falleció mi abuelo. Pasé la tarde jugando con mis amiguitos y contenta de recibir muchos regalitos de todos. Aún conservo (gracias a mi mamá) las tarjetas y fotos de ese día.


Mi hermano y yo con Cuchy y Chema (mis abuelos maternos) en el día de la Primera Comunión de mi hermano

Años atrás, la primera comunión de mi hermano la celebramos en Madrid. Fue una hermosa celebración ya que los españoles son muy tradicionales lo cual hace el evento mucho más solemne. Obligan a los niños a vestirse de marineros y las niñas utilizan el mismo diseño de vestido. Todos se veían hermosos entrando a la iglesia y encendiendo velas mientras juraban seguir la palabra de Jesús. Por supuesto, luego del almuerzo, mi hermano ya estaba como un loquito sudado, cor
riendo en su traje de marinerito, jugando fútbol con sus compañeros en el edificio.

Con Marianita mi prima el día de su Primera Comunión

En estos días fui a la Primera Comunión de mis primos Mariana y Diego. Fue sabroso compartir en familia nuevamente este importante día para ellos. Me contentó muchísimo verlos emocionados entrando a la iglesia. Me causó gracia ver como muchas de las niñitas habían mandado a hacer vestidos de diseñador con tela traída de España. El magno evento de la belleza pre-bachillerato. Me causó demasiada gracia que durante la misa el Padre preguntó a los niños que si había confesado todo. Se oyó un unísono síiiii, pero en el fondo se escucharon 2 o 3 niñitos decir noooo. A fin de cuentas, los niños son niños. En ese momento tienen una noción bastante clara de la diferencia entre el bien y el mal, pero para esa edad, los "pecados" no pasan a ser más que una que otra mentira (bueno, en la mayoría de los casos). Años después es que uno realmente comienza a pasar encrucijadas en la vida que te ponen a decidir lo que está realmente bien o mal. Más allá de ir a la iglesia (o lo que sea), lo relevante es uno estar satisfecho con uno mismo. Tener la conciencia limpia no tiene precio. Lo que importa realmente es uno confesarse con uno mismo, estar consciente de las acciones en el día a día. Y, si hace falta, de vez en cuando hacer uno que otro salto de rana para enmendar lo que hiciste mal.

1 de junio de 2010

India Parte II: Formando un Hogar


Tragafuegos en el Hotel Hyatt

El shock inicial de mudarnos a la India se nos fue pasando poco a poco. Vivir en una país tan lejano y contrastante no permite mucho tiempo para pensar las cosas: simplemente todo va pasando. La cultura te va envolviendo de golpe, y a uno le toca adaptarse lo más rápido posible. A los pocos meses de llegar nos tocó nuestra primer gran experiencia cultural. Diwali es conocido como el festival de las luces en el cual se celebra el triunfo del bien sobre el mal. Todavía vivíamos en el Hyatt para el momento de este festival y fue ahí donde experimentamos toda la celebración que conlleva esta fecha tan importante para los indios. Nos impresionamos al ver cómo la ciudad había sido preparada pues todo estaba cubierto con collares de flores. Sin embargo, la gran sorpresa no ocurría en el día sino en la noche. Fue imponente escuchar cientos y miles de fuegos artifiales irrumpir sobre el murmullo de la ciudad. Pasaban horas y horas y no dejábamos de escuchar uno tras otro reventar con gran fuerza, hasta dejar el ambiente completamente nublado logrando lo imposible: hacer ver la ciudad aún más contaminada. Nunca en mi vida imaginé que podrían haber tantos fuegos articiales en el cielo.


Autobus cubierto de flores

El Hyatt tenía una excelente fiesta preparada para los huéspedes del hotel. Había una gran demostración pirotécnica, luces de bengala y auténticos tragafuegos, comida tradicional, músicos y bailarines. Realmente resultó ser una experiencia enriquecedora y sobretodo supremamente interesante. Fue la última gran experiencia que vivimos en el Hyatt antes de (al fin) mudarnos a nuestro hogar en Vasant Vihar.


Rajan, Bajardur y mi papá

Una de las cosas que más nos impactó una vez mudados fue el papel que desempeñan los hombres y mujeres en la India. Viniendo de Venezuela, estábamos acostumbrados a tener una empleada que nos ayudara con la limpieza y comida en la casa. Nos llevamos una gran sorpresa al ver que en la India esto es completamente diferente. Las mujeres son las que hacen el trabajo pesado: es común verlas caminando con una montañita de ladrillos en la cabeza, en vía a alguna construcción. Los hombres, por otro lado, son los que hacen el trabajo en casa. En Venezuela teníamos una sola empleada que realizaba todo el trabajo. En la India teníamos casi media docena: el cocinero, el que limpiaba, el que planchaba, el chofer de mi mamá y el chofer de mi papá.

Bajardur era nuestro querídismo cocinero. Afortunamente él había trabajado en una casa de venezolanos en años anteriores y hacía unas arepas dignas de la Casa del Llano en las Mercedes ,con la harina PAN que traíamos de Venezuela. Bajardur cocinaba sabrosísimo y nos hacía de todo tipo de comida. Por supuesto, nuestra comida casera carecía de cualquier ingrediente proveniente de la vaca. Es decir, cero carne, y la leche y mantequilla eran de bufala. Recuerdo que él mismo elaboraba la pasta y nos preparaba varias opciones de salsas caseras para comer. Mi desayuno favorito eran crepes bañadas en azúcar en polvo, preparadas riquísimamente por Bajardur. El era una excelente persona al que le agarramos un cariño inmenso. Tenía cualquier cantidad de hijos, pero eso no le impidió adoptar un niño enfermito que en alguna oportunidad llevó a la casa. Por otro lado, Rayan y Raj eran el que limpiaba y el que planchaba (respectivamente). Eran dos muchachos callados con los cuales no fue mucho lo que compartimos.


Mi hermano con Jan Singh

El chofer de mi mamá se llamaba Raju, y la verdad, no recuerdo casi nada de él. Sin embargo, nuestro grandísimo y queridísimo amigo y compinche era el señor Jan Singh: el chofer de mi papá. Con él entablamos una linda amistad, y fue, probablemente del cual años después más nos costó despedirnos. De hecho, una de las cosas que más recuerdo con tristeza fue esa despedida en la cual fuimos del trayecto del hotel al aeropuerto por última vez llorando todos; incluyendo a Jan Singh. El fue en muchas maneras nuestro guía turístico personal, que nos enseñó una inmensidad de cosas sobre la India y New Delhi y se convirtió en el gran protector de la familia.


En mi cuarto ya en Vasant Vihar


De esa manera fuimos ajustándonos a la India, aprendiendo de su cultura y formando un hogar. Nuestros nuevos amigos y compañeros en casa nos ayudaron inmensamente a entender a aquel país que se abría poco a poco delante de nosotros. Fueron muchas las vivencias y experiencias que tuvimos en aquel mágico lugar y grande el cariño que le tuvimos a quienes fueron testigos de nuestro paso por la India.

Primera parte aquí: Passage to India


24 de mayo de 2010

A Time for Reading



Siempre me ha gustado leer y escribir. Quizás el mejor aspecto académico de los colegios americanos es inculcar y cultivar la lectura en los estudiantes. Esto logró un gran impacto en mi vida. Mi primer gran experiencia con la lectura comenzó a los 7 años en New Mexico. En ese momento yo hablaba muy poco inglés (por no decir que nada) y en el colegio le habían dicho a mis papás que quizás la mejor manera de que yo entendiera el idioma, sería poniéndome a leer constantemente. Por eso, semanas después, cuando les ofrecieron a mis papás una membresía en un club que por $100 al mes les enviaban una caja llena de libros para niños, no lo dudaron ni un segundo. Cada mes esperaba ansiosamente mi caja de libros nuevos. Era emocionante abrilos y conseguirlos como recién salidos de la imprenta con ese olor indudable de tinta sobre papel. Me enganché leyendo las historias de los hermanitos de The Bernstein Bears, las aventuras locas de la despistada Amelia Bedelia y, mi favorito, Morris Goes to School, que contaba la historia de un alze (Morris the moose) que empieza a ir al colegio. Años después le leería este libro a mis primitos creando voces para sus personajes y, por supuesto, traduciéndolo a un simple y entendible español. Cuando llegó el momento de mudarnos, quise, por supuesto, llevarme todos mis adorados libros. Mis papás me explicaron que eso sería difícil ya que para ese momento habían más de 100. Me pidieron entonces que escogiera los que más me gustaban para llevarlos. Todavía tengo esos libros guardados y confieso que me gusta ojearlos de vez en cuando.



Cuando nos mudamos a la India en los años de la terrible y temible aborrecencia creció mi interés en libros especialmente escritos para adolescentes. Me leí prácticamente todos los libros de Judy Blume hasta que llegué al libro que más me gustó de todos. A Time for Dancing de Davida Wills Hurwin fue un libro que leí incontables veces, siempre llorando en la última página a pesar de saber exactamente lo que iba a suceder. Sabía que no podía dejar ir ese preciado libro, por eso se convirtió en una de las pocas cosas que me he robado en mi vida. Todavía lo tengo guardado y me causa risa ver el sello de The American Embassy School MS/HS Library en su primera página.



Más adelante, al regresarnos a Caracas, mi pasión y amor por la lectura solo creció. Para el momento en el cual me cambié al colegio El Peñón, ya mi gusto por la lectura no dependía de que fuese una tarea, por lo cual seguí leyendo. Me causó gracia que alguno de los libros que nos mandaban a leer los profesores ya los había leído años anteriores como fue en el caso de El Dador (The Giver). Fue entonces cuando ocurrió algo que marcó mi vida. En esa época, mi papá compró la película Dead Poet’s Society sin imaginarse nunca que eso marcaría un paso entre la lectura y la escritura para mi. Creo que puedo decir (sin exagerar) que vi esa película más de 100 veces. Investigué cada uno de los poemas y escritores nombrados en ella hasta aprenderme sus historias completas. Fue ahí donde empecé a escribir.

Mi primera experiencia con la escritura se puede decir que fue interesante. Luego de ver Dead Poet’s lo que más me gustaba era escribir poemas. Escribí una decena, entré en la página web Poetry.com y registré mi favorito. Cual fue mi gran sorpresa y emoción cuando un mes después me enviaron un correo notificándome que mi poema había sido seleccionado para ser impreso en un libro de poesía, y que solo debía pagar una módica suma de $250 y me enviarían el libro. Por supuesto, yo no podía con la emoción y le rogué a mi papá que por favor tenía que pagarme el libro. Fue interesante, cuando meses después llegó a mi casa el libro en el cual mi poema había sido publicado. Era un libro de 250 páginas, con 15 poemas en cada una, escritos con la letra más chiquita para que entraran todos. Mi poema estaba en la página 99. Tremenda decepción y tremendo engaño. No era tan especial como creía. Sin embargo, esto no detuvo mis ganas y mi interés sobre la escritura por lo cual la seguí practicando esporádicamente lo que cual me llevó a este blog.


El poema que fue 'publicado' escrito a mano aquí por mí en 1999 (Hagan click para verlo más grande)

Los libros, la lectura y la escritura, han estado presentes durante toda mi vida. Siempre he pensado que leer alimenta el alma. No hay nada más sabroso que sentarse con un libro en una tarde lluviosa y sentir que uno es parte de la historia que uno está leyendo. Es difícil describir la tristeza que uno siente al terminar un libro y lo mucho que uno puede llegar a extrañar a sus personajes. Leer ayuda a dispersarse, relajarse y alejarse de tantas cosas que atormentan nuestras vidas. Nos hace sentir poderosos, observando desde lejos la vida de los personajes que se encuentran en cada mancha de tinta. En el fondo, leer nos ayuda a pensar y procesar nuestras vidas de una manera indirecta. Leer nos ayuda a vivir nuestras vidas más intensamente.


Uno de los poemas que más he disfrutado:

The Ballad of William Bloat by Raymond Calvert

In a mean abode on the Skankill Road
lived a man named William Bloat
He had a wife, the curse of his life
who continually got his goat.
So one day at dawn with her nightdress on
he cut her bloody throat.
With a razor gash he settled her hash
Oh never was crime so quick
But the drip drip drip on the pillowslip’
of her lifeblood made him sick.
And the pool of gore on the bedroom floor
grew clotted and cold and thick.

And yet he was glad he had done what he had
when she lay there stiff and still,
but a sudden awe of the angry law
struck his heart with and icy chill.
So to finish the fun so well begun
he resolved himself to kill.

He took the sheet from the wife’s coul’ feet
and twisted it into a rope
and he hanged himself from the pantry shelf,
‘twas an easy end, let’s hope.
In the face of death with his latest breath
he solemnly cursed the Pope.

But the strangest turn to the whole concern
is only just the beginning.
He went to Hell, but his wife got well
and she’s still alive and sinning.
For the razor blade was German made,
but the sheet was Belfast linen.



14 de mayo de 2010

La Política del Hogar


Cara de Regañada?

La oportunidad de vivir en varios países me ha permitido apreciar el poder de la política y la ley en diferentes puntos de vista. Cada uno de los países en los cuales he vivido ha tenido diferentes sistemas y maneras de organización. Por supuesto, cuando estaba pequeña no entendía ni la mitad del asunto. Cuando uno es niño lo único que debe entender es que si te sigues portando mal, voy a llamar a la policía. Una de las amenazas más efectivas que usan los padres y los niños nos creemos. El sistema político que uno vive primero es el de su propio hogar. En mi casa era muy específico y bien delimitado. Mis papás eran los que mandaban. Siempre debíamos respetarlos. Como en todo hogar, existían reglas básicas que eran necesarias cumplir: “a dormir” significaba YA, era difícil negociarlo. Nunca debíamos mentir, y teníamos que comernos todo lo que estaba en el plato (aunque no nos gustara). Mi mamá, a pesar de ser muy consentidora, era la general que amenzaba con acusarnos con mi papá si nos portábamos mal. Voy a serles sincera, esa amenaza era efectiva. Pero la realidad es que era mínima ya que su peor castigo hacia mi fue pelarme con una corbata.


Lo peor que podríamos hacer mi hermano y yo era salir mal en el colegio. Yo nunca tuve ese problema, pero digamos que mi hermano no era tan disciplinado. La primera vez que pude observar el poder de la ley externa a la de mi casa fue cuando vivíamos en Hobbs, USA. Mi hermano había salido mal en el colegio y tenía tanto miedo de que lo castigaran que le dijo al director del colegio que mis papás le iban a pegar. Ojo, debo aclarar que los castigos de mis padres eran los típicos regaños de cualquier padre venezolano: un ‘chancletazo’ decente, nada fuera de lo común que ni siquiera dejaba una marca, lo que pasa es que los americanos son un poco exagerados en este aspecto. Cual fue la sorpresa de mis papás al ver llegar en la tarde de ese día a la casa a Social Services amenazando con que si el niño se aparecía en el colegio con si quiera una marca mínima, se lo quitarían a mis papás. Por supuesto, no le pusieron ni un dedo encima, pero ahí sí lo que les provocaba era matarlo. El respeto en Estados Unidos hacia practicamente todo es bastante alto, y la ley actúa de forma inmediata.

De ahí pasamos a vivir a otros tipos de gobiernos. En la India, la ley es extremadamente fuerte, sobretodo con los Indios. A los extranjeros no se les puede poner ni un dedo encima, por lo cual uno puede caminar libremente por la calle bajo (prácticamente) ningún peligro real. Sin embargo, a la gente que es de allá los tratan con una mano muy dura y por cualquier incumplimiento de ley pequeño les dan golpes con palos, delante de quien sea (esto era en el año 1994 aproximadamente, no sé si eso se mantiene hoy en día). Una vez regresados a Venezuela llegaron las elecciones de 1999. Todavía en ese momento estaba completamente desinteresada de la política. Tenía 15 años y mi mayor preocupación era si el chico que me gustaba sabía de mi existencia. Por supuesto, todo ese desinterés cambió drásticamente con el paso de los años. La críticas, peleas, desórdenes y el tumulto general impulsaron que la mayoría de las personas en este país nos viéramos involucradas en la política de manera directa o indirecta. Me impresiona ver ahora como mis primos desde los 7 años están enterados así sea por encima de la situación política del país. Me da esperanza pensar que las generaciones futuras vendrán preparadas para traer cambios y nueva luz en la manera de manejar el gobierno.

Hay algo que a mi particularmente me inquieta con el caso político venezolano. No se trata únicamente sobre los dirigentes, si no del ‘pueblo’ y la gente que vive en este país. Dejando a un lado la ideología, hay una observación importante sobre la idiosincracia del venezolano. En este país (y realmente podría ser quizás en cualquier otro) no las pasamos criticando a los políticos y dirigentes por cualquier cantidad de cosas, pero no nos damos cuenta que a veces el problema no viene de ellos, sino de nosotros mismos. Nos quejamos de que no recolectan la basura ni mantienen las calles limpias. Pero...quién lanzó el papel en el asfalto en primer lugar? Nos quejamos de que no hay suficientes fiscales dirigiendo el tránsito de la ciudad. Pero...quién se está metiendo por el hombrillo y causando más tráfico de lo necesario? Nos quejamos de que los políticos no sean inclusivos. Pero...Realmente somos tolerantes con los demás? Somos capaces de tener una conversación pasiva con alguien de una ideología opuesta a la nuestra?

A veces debemos dejar de culpar a los demás, y empezar a aceptar que nosotros también tenemos responsabilidad dentro del juego político. Cuando pequeña, mi mamá no me dejaba salir de la casa si mi cuarto no estaba arreglado. Me daba una rabia inmensa tener que arreglar mi espacio y mi lugar. Qué le importaba a ella si yo tenía un desórden en mi cuarto? Lo que no me daba cuenta es que era más fácil tenerlo siempre arreglado y así no surgían ningún tipo de problemas con ella. A fin de cuentas ella me estaba enseñando una válida lección sobre la organización y el cuidado a nuestras cosas. La política de mi casa no difiere mucho de la política del país. Hay cosas que sencillamente son common sense. Pero cuánto nos cuesta aceptar que el cambio real debe empezar por nosotros mismos. A veces uno se siente pequeño e insignificante entre tanta gente (sobretodo con respecto a los que están en el poder), pero, si cada uno de nosotros actuamos correctamente, con honestidad, ética, solidaridad y tolerancia con los demás, podemos hacer un cambio real. Es tan sencillo con empezar haciéndolo tú solito. No puede ser que vivamos pensando que como el otro rompe la ley, yo también lo haré. Y además luego tener los bríos de quejarnos que vivimos en un país donde la autoridad no cumple con enforzar la ley.

Todo empieza por ti. En el ámbito en que te rodées. Olvídate de preocuparte de para que digo buenos días si nadie me los devuelve? Sigue diciéndolo que en algún momento alguien te los devolverá. La vida siempre encuentra la manera de recompensar nuestras buenas acciones y de alguna forma hacernos pagar las malas. No hay nada más importante que acostarnos todos los días con la conciencia limpia y tranquilos por haber hecho lo mejor posible en el día. Por eso debemos recordar que todo empieza con nuestras propias acciones, y que la política más importante, como yo aprendí de niña, es la que se enseña y se aplica en casa.