24 de septiembre de 2010

Querido Agustín




No has llegado todavía a nuestras vidas, y ya todos te queremos como eres. Estamos esperando ansiosamente tú llegada a este mundo. Si tan sólo supieras la cantidad de cosas que tuvieron que pasar para que llegaras aquí.

Tus abuelos hace muchos años se conocieron, y se enamoraron; de ahí nacieron tus papás. Tu papá y mamá hicieron su vida en lados completamente diferentes del mundo, con todo eso, eventualmente se consiguieron. Aprendieron a caminar, a equivocarse y a sonreir, como pronto aprenderás a hacer tú. Tus abuelos los regañaron incontables veces, pero siempre los quisieron y los apoyaron. Sé que tus papás serán así contigo. Tus abuelos hicieron un buen trabajo, criaron a tus papás con todo su amor, dándoles un ejemplo de familia, de respeto de cariño. Vas a crecer en una casa llena de risas, alegría y amor. Tienes unos papás maravillosos y con eso, ya tienes el regalo más grande del mundo.


Agustín, estás naciendo con la oportunidad de ser quien quieras ser. Tienes el apoyo y el cariño de todos, y por eso, tienes el mundo a tus pies. Si quieres ser astronauta, aplaudiremos tu primer viaje a la luna. Si quieres ser deportista, tu papá te ensañará todas las reglas del juego. Sin importar qué decidas ser, él siempre te las enseñará.

No creas que son solo tús papás quien esperan por ti. Tus abuelos llevan años esperándote. Tu abuela Adriana ha pasado años perfeccionando el arte de tomar fotos para que salgas hermoso en cada una de ellas (aunque sé que saldrás hermoso hasta con el fotógrafo más inexperto). Tu Nono César ha pasado años poniendo sus brazos y barriga más rellenos para que duermas plácidamente en ellos. Papío y Mamía llevan años esperándote para que les enseñes a jugar con pelotas y carritos, pues ellos solo conocen Barbies y princesas.

Naciste en un país lleno de oportunidades, lleno de cosas maravillosas que sé apreciarás en su debido momento. Pero no quiero que olvides nunca de dónde eres de verdad. Vienes de dos países maravillosos, Venezuela y Colombia. Dos países que tienen un calor y un sabor incomparable con cualquier otro. En el momento que naces, Colombia está lentamente saliendo de una guerra muy triste que causó mucho daño a tu gente. Sin embargo, como todo, la gente sanó sus heridas y se está levantando. Venezuela está en un lugar un poco más complicado. Espero que cuando puedas leer esto, ya esa no sea la situación. Venezuela es un país maravilloso, con gente alegre y con mucho corazón. Nunca olvides eso. Quiero que mantengas siempre tus tradiciones, y no dejes que nadie te las quite. Pide la bendición a tús tíos y abuelos, escucha gaitas y vallenatos, come hallacas y buñuelos y pídele regalos al Niño Jesús. Manténte siempre unido a tu familia, pues somos lo más importante en tu vida.

Como tu tía hay varias cosas que quiero aprendas y entiendas de la vida. El mundo tiene cosas maravillosas que vas a llegar a descubrir. Pero también quiero que sepas que la vida tiene cosas muy tristes. Quiero que sepas que está bien. Vas a fracasar seguramente en algunas cosas, pero también serás exitoso en muchas otras. Recuerda siempre levantarte y sin importar lo que vivas, mirar hacia adelante. La vida te pondrá muchos retos, pero pase lo que pase, jamás te rindas. Si luchas por lo que quieres, sé que lo conseguirás. Es importante que aprendas a distinguir entre el Bien y el Mal, y cuando te encuentres en una encrucijada, siempre escoje el bien. Si escojes el Bien, tarde o temprano, Dios te va a premiar.

Escúcha a los demás aunque no estés de acuerdo con lo que dicen. A veces las opiniones más diferentes pueden llegar a abrir tus ojos de una manera que jamás creerías. Una sonrisa puede lograr mucho más de lo que te imaginas. Decir Buenos Días y Buenas Tardes es muy importante también, pero lo más importante es siempre decir Gracias. Tienes mucho que agradecer, pues Dios te está dando todo, todos los días. Sé siempre cariñoso y aprende a pedir perdón cuando sea necesario. Dí ‘Te Quiero’ cada vez que puedas, créeme que nunca se vuelve repetitivo.
Quiero que sepas que sin importar lo que hayas hecho, siempre puedes contármelo. Prometo que si me lo pides, no se lo contaré a tus papás. Aunque te confieso que estoy segura que a ellos también podrás contarles lo que quieras. Eso sí, hagas lo que hagas, bajo ninguna circumstancia puedes ser fanático de los Yankees. Creo que tu papá te perdonaría si te vuelves fan del Barca, pero de los Yankess, no estoy tan segura.

Agustín, aquí te esperamos con los brazos abiertos y con el corazón lleno de amor para darte. Te quiero muchísimo aunque aún no te haya dado ni el primer abrazo. En el momento que te lo dé lo sentirás.

Tu Tía, Fabiana.

I'm Back!



Disculpenme la ausencia! He estado un poco enredada con trabajo y vacaciones. Pero aquí estoy de vuelta para seguir contándoles de mi vida.
Un abrazo!
Fabi.

27 de julio de 2010

Nuestras Diferencias


Instantes antes de soltar la escoba y coleto para siempre

Hombres y mujeres. El eterno dilema de quién entiende a quien. Claramente tenemos diferencias que se empiezan a notar desde que somos niños. Es impresionante ver cómo nuestro sexo nos define. Sin embargo, siempre existen actos de rebeldía en los que no entramos en los típicos parámetros de nuestro sexo. Cuando yo tenía aproximadamente 3 años me regalaron un juego de una escoba y coleto. Yo estaba absolutamente emocionada jugando con él hasta el momento en que me dijeron que a partir de ahí podría ayudar a mi mamá a limpiar la casa. En ese instante, solté la escoba y más nunca la volví a tocar. Qué va. Yo no iba ser un ama de casa. Por ese lado no era la típica niña, yo no quería saber nada de limpiar ni atender invitados, yo iba a tener un trabajo en una oficina. Por otro lado, uno de mis juegos favoritos era el de la mamá y el papá, eso era impelable en la hora del juego. Irónicamente hoy en día soy las dos, cosa que creo que nos pasa a casi todas las mujeres.



Me impresiona como cada sexo viene desde niño con un chip implantado adentro que determina qué tipo de cosas nos va a gustar. Recuerdo que de pequeña yo jugaba con mis Barbies y cuando le pedía a mi hermano que jugara conmigo, él se limitaba a usar el carro de la muñeca nada más. Estuve de babysitter recientemente en Miami cuidando a mi primo/ahijado Santiago; el ejemplo más claro del típico varón. Basta con que pongas por un segundo cualquier deporte en la televisión para que él se quede como una estatua concentrado viéndolo. No importa si es una pelea de metras, cricket, o bolas criollas; el carajito ama ver un deporte. Lo mismo ocurre con los aviones y los carros. Cómo es posible que un niño de 4 añitos esté pendiente de cual aerolínea estará volando sobre nosotros? Aún no lo entiendo. Por otro lado, mi primita Camila tiene 2 años y desde ya es extremadamente coqueta. Lo mejor que le puedes regalar es una cartera con maquillaje. Lástima que ya no venden los kits de MaquiClub o de Melody, cómo gozaría ella con eso. Definitivamente, hay cosas que vienen dentro de nosotros de nacimiento.


El hombrecito Santiago

Considero que entiendo a los hombres bastante gracias a haberme criado con un hermano mayor. Aprendí a tenerle tolerancia a la incesante conversación sobre el deporte. Una cena en mi casa no era cena sin el típico Viste cuánto bateó Griffey? Por otro lado, no entiendo mucho sobre las cosas de hombres, mi hermano es mayor que yo y no me tocó lidiar con eso. A Santiago más de una vez me toco llevarlo al baño. Yo no sabía que hacer, era toda una confusión para mi. Cuando terminaba de hacer pipí, entraba mi dilema. Tenía que limpiarlo? Cómo funciona esa cuestión? No sabía si ayudar a lavárselo con agua y jabón o secarlo con papel. Le pregunté que cual era el mecanismo, a lo que me respondió Marrina, no hay que limpiarlo, para eso está el interior. Estoy segura que mi tía no le enseñó eso. Asumo que el día que tenga un varón seré una experta en el tema. Quizás en ese momento sabré mucho más sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres.

Las mujeres claramente somos enredadas. Aunque por suerte, heredé de mi mamá lo mejor que se puede heredar: ser descomplicada. La verdad, estoy segura que la mayoría de las mujeres dicen lo mismo: Yo? cuaima? qué va. Naaada que ver. Pero bueno, que puedo decir, considero que realmente no soy así. No me gusta pasarme horas de shopping, ni me fijo qué tiene puesto quién. Es más, soy tan distraída que he llegado a ponerme lo mismo 2 días seguidos. Lo guardo en el clóset y al día siguiente lo veo y no tengo ningún recuerdo de haberlo utilizado el día anterior. Es a media tarde que me entra una luz y recuerdo lo que pasó. Oops.

Claramente hay cientas de diferencias entre los hombres y las mujeres. Muchas las impone la misma sociedad, no necesariamente nacen con nosotros. A las mujeres (en general, siempre hay excepciones para todo) nos llega un momento en el que nos toca que aceptar y balancear ser ‘mujeres del siglo 21,’ que trabajamos y tenemos una carrera, con ser mujeres de los años 50 y atender nuestro hogar. Los hombres por otro lado, los crían a ser hombres. Es raro ver un hombre que se tenga que preocupar por la opción de ser ‘ama de casa’ o businessman. Evidementemente, estoy segura que esa presión de ser el que ‘pone el pan en la mesa’ no debe ser nada fácil. Seguramente habrá más de uno que lo que más le gustaría es quedarse en casa cuidando a los niños y no lo hacen porque Oh! Qué dirá la sociedad!

Diferencias entre nosotros hay miles y varían desde lo más pequeño hasta lo más grande. Nunca llegaremos a entendernos completamente, mucho menos si nos pasamos el tiempo preguntándonos por qué somos tan diferentes. La clave está en aceptarnos y tratar en lo posible de entendernos, quizás así encontraremos más similitudes que diferencias.

14 de julio de 2010

El Mundial no es de Fútbol




No hay nada como la emoción de un Mundial de Fútbol. Ese sentimiento tan rico en que todos somos uno. Un mes cada cuatro años en el que no importan las diferencias, solo el color de la camisa. Un momento en que nos olvidamos de la política y los problemas de la vida diaria y nuestro mundo se convierte en un balón.

Mi primer recuerdo de un Mundial fue el del año 1994. Ese mes del fue uno muy particular en nuestras vidas, pues eran nuestras pequeñas vacaciones antes de irnos a vivir a la India. El Mundial fue la excusa perfecta para compartir con la familia antes de tener que irnos al otro lado del mundo. Mi recuerdo más grande fue, por supuesto, la sufrida final. Evidentemente fue una final memorable para todos los que siguen el deporte, pero en mi familia generó una ‘discordia’ muy particular. Vengo de una familia originalmente italiana, por lo cual es lógico pensar que estábamos ligando que Italia se declarara campeón. La verdad, no fue así. La mitad de la familia le iba a Italia, y la otra mitad a Brasil. Yo tenía (y aún tengo) la excusa perfecta para seguir el
jogo bonito pues nací en Brasil. Sin embargo, ese no era el caso de ninguna otra persona más, cosa que causaba rabia en la otra mitad de la familia. Recuerdo perfecto estar todos sentados frente al televisor en casa de la Nonna de mi papá. Cada quien vestido en sus respectivos colores y gritando como si los equipos dependieran de nosotros para anotar un gol. Está demás decir que para el final del partido el chalequeo y la cizaña se ponían cada vez más pesados y hubo más de un familiar molesto que se paro y se fue para otro lugar sin mirar atrás. Hoy en día pienso que realmente fue una final especial, no porque fuera de Brasil-Italia, sino porque nos dió la oportunidad de compartir en familia a todos. Incluyendo a tíos abuelos y primos segundos a los que el tiempo y la vida nos ha llevado por otros caminos. Poco tiempo después de ese partido estaríamos montándonos en uno de varios aviones que nos llevarían a New Delhi.

Partido Italia - Francia

Entre mundial y mundial la vida nos llevó del timbo al tambo, y ya para el ’98, estábamos viviendo de nuevo en nuestra adorada Caracas. Para ese momento el fanatismo por el deporte nos llevó a París donde tuvimos la oportunidad de presenciar y sentir lo que es un Mundial en vivo. Si recuerdan haber visto alguna bandera de Venezuela en el partido Francia - Italia, probablemente era la mia. No podíamos dejar de hacerle honor a esa tradición tan venezolana como es la de tener una bandera de nuestro país en cualquier estadio, partido o deporte en el mundo. La emoción que sentímos al entrar al Stade de France fue indescriptible, sin embargo, nada pudo superar escuchar el himno de Francia sonando a todo volumen. Ojo. Yo no soy francesa, ni le iba a Francia, pero rodáte tú de miles de franceses cantando su himno emocionados a todo pulmón, y dime si no te emociona. Nos gozamos varios juegos cargando nuestra banderota, la cual la gente miraba con curiosidad. Lamentándolo mucho, la compañía que nos vendió el paquete con las entradas se aprovechó de que Francia había llegado a la final y nunca nos entregaron nuestras entradas. Meses después nos pagaron el paquete completo como compensación...así sería lo que le ganaron a las entradas de la final revendidas. Ese juego lo vimos unas 50 personas en el lobby del hotel a través de un pequeño televisor. A pesar de nuestros gritos, Taffarel no logró parar los goles y Francia se convirtió en el vencedor. Seguramente hubo una centena de personas que en ese momento salieron a celebrar eufóricos a Las Mercedes en Caracas.


Final España - Holanda 2010

Un Mundial realmente se convierte en un evento deportivo único. Nos creemos españoles, portugueses, italianos, brasileros. Creemos que sabemos más que el técnico y criticamos sus decisiones. Peleamos contra los delanteros por no chutar como era (como si fuese tan fácil). Pasamos horas pegando barajitas en nuestros álbumes Panini esperando ser el primero de nuestros amigos en llenarlo. Pero la verdad es que el Mundial de lo que menos se trata es del fútbol. Sí, por supuesto, todos estamos viendo el deporte, rezándole al Pulpo Paul a ver si nuestro equipo favorito mete un gol y pasa a la siguiente ronda. Pero a la hora de la chiquita, el Mundial se trata sobre familia y amigos. Se trata sobre sentarse a ver un partido junto a las personas que más queremos y pelear por sobre si fue o no fue offside. Se trata sobre sacarnos los unos a los otros tarjetas amarillas. Se trata sobre abrazarnos cuando hay un gol. Se trata sobre soñar en el día en que escuchemos el Gloria al Bravo Pueblo en un partido junto a nuestros mejores amigos, llorando como niños. Un Mundial se trata sobre, comer, tomar y vivir. Se trata sobre compartir.

18 de junio de 2010

Un Nenuco de Verdad


Nenuco y yo

Cuando tenía 4 años, el niño Jesús me trajo a mi mejor amiga: Nenuco. Mi muñeca y yo nos convertimos en amigas inseparables, cómplices ante cualquier tremendura que pudiéramos hacer. A partir de ese momento, Nenuco siempre me acompañó a cualquier viaje o mudanza. La muñeca tiene marcas innegables de mi niñez: la cabeza llena de alfileres que le metí por la boquita, la mancha de café en la barriga debido a un accidente ocurrido en un avión entre España y Venezuela, una 'cortada' en el muslo ocasionada con una tijerita de costurero, entre muchas cosas más. Nenuco era mi confidente, a la cual yo le contaba todos mis secretos y sueños. Yo no tenía ni la menor duda de que mi queridísima muñeca me escuchaba atentamente a todo lo que le decía. Estaba segura de que cuando yo salía del cuarto, cobraba vida cual Woody y Buzz en Toy Story.

Mi cariño por Nenuco duró muchísimos años, aunque, por supuesto, con el tiempo dejé de contarle mis historias y se convirtió únicamente un objeto cual abrazaba a la hora de dormir. El día en que me mudé al dorm de mi Universidad, coloqué a Nenuco en mi cama, pues pensaba seguir durmiendo con ella. Mi 'simpatiquísima' roomate entró al cuarto y se quedó horrorizada pensando que se iba a conseguir con una tremenda 'galla' que seguía durmiendo con una muñeca a esas alturas de la vida. No hizo mucha diferencia para mi, pues Nenuco siguió durmiendo a mi lado. Hoy en día la tengo guardada esperando que algún día mi hija duerma con ella como lo hice yo.


Santiago (mi ahijado de 4 años) y su hermanito
Gustavo Alejandro de 1 semana

El reemplazo de Nenuco llegó después de 9 meses de vivir en la barriga de mi tía Claudia. Cambié la muñeca por un bebé hermoso que me hacía reir muchísimo. Con Santiago he compartido innumerables juegos y risas. De ahí han pasado 4 años y me encuentro ahora acompañando a mi tía en los primeros días de vida de su segundo hijo Gustavo Alejandro. Un bebé evidentemente no es un juguete (cosa que mi mamá y yo debemos repetir mil veces, a ver si así aprendemos), sin embargo, qué sabroso es jugar con ellos! Un bebé en definitiva nos trae mil alegrías a la vida. Un bebé cambia todo. En este momento he disfrutado del nacimiento de 6 primos pequeños (con los otros 7 primos yo estaba chiquita todavía), y este año al fin tendré la alegría de recibir a mi primer sobrino (no quiero imaginarme la locura que será). En definitiva, las niñas pasamos de querer y cuidar a un Nenuco, a querer y cuidar a un bebé de verdad. Me supongo que el instinto maternal lo tenemos presente desde que nos regalan nuestra primera muñeca.



Un bebé no es un juguete...un bebé no es un juguete...un bebé no es...


Gustavo Alejandro y yo

9 de junio de 2010

Primocomulgante


Mi Primera Comunión 1993

Uno de los días más emocionantes para mi, fue el día de mi primera comunión. Sin embargo, la historia detrás de ese evento fue un poco alocada. El único colegio religioso en el cual he estudiado fue el San Patricio en Madrid. En esa época era tan pequeña, que la mayoría de las cosas que aprendí de religión se esfumaron de mi mente. De ahí pasé a estudiar estrictamente a colegios americanos ya que facilitaba el traslado cuando nos mudábamos. Estábamos viviendo en Caracas cuando nos informaron sobre nuestra mudanza a la India. Nuestra vida se puso patas arriba y todo fue un corre-corre. Mis papás decidieron hablar con una tía que es monja y que en ese momento era directora del Colegio María Auxiliadora. Llegamos a un acuerdo en el cual me darían clases particulares de catecismo 3 tardes por semana, y luego haría la Primera Comunión. Aprendí todo lo que tenía que aprender sobre Jesús en cuestión de 2 meses.
Quizás uno de los anécdotas más graciosos fue lo que ocurrió días antes de mi Primera Comunión. Ya para ese momento había aprendido todo lo necesario y había llegado la hora de hacer mi primera confesión. Estaba extremadamente nerviosa cuando entré a hablar con el padre. Probablemente habré confesado una que otra mentirilla o quizás alguna discusión con mi hermano. Mi gran sorpresa fue cuando el Padre me mando como penitencia rezar 3 Ave Marías. Sentí alivio y al salir del confesionario se lo hice saber a mi mamá. Yo estaba segura que el Padre me iba a mandar a hacer 5 saltos de rana y darle 3 vueltas a la iglesia. A los 9 años era aún muy inocente y pensaba que esas eran el tipo de penitencias que los curas mandaban a los pecadores (juro que esta historia es verdad!).

Cuando al fin llegó el día de mi primera comunión, estaba súper contenta. El sábado 29 de mayo de 1993 llegamos toda la familia a la capilla del Colegio María Auxiliadora donde recibí, solamente yo, mi Primera Comunión. De ahí fuimos a mi casa en Chuao donde tuvimos un brunch para los invitados. Vino toda mi familia de Gochilandia, incluyendo a mi abuelo César que estaba muy enfermo. Fue una linda oportunidad para compartir y gracias a Dios pudimos estar todos juntos ese día ya que menos de un mes después falleció mi abuelo. Pasé la tarde jugando con mis amiguitos y contenta de recibir muchos regalitos de todos. Aún conservo (gracias a mi mamá) las tarjetas y fotos de ese día.


Mi hermano y yo con Cuchy y Chema (mis abuelos maternos) en el día de la Primera Comunión de mi hermano

Años atrás, la primera comunión de mi hermano la celebramos en Madrid. Fue una hermosa celebración ya que los españoles son muy tradicionales lo cual hace el evento mucho más solemne. Obligan a los niños a vestirse de marineros y las niñas utilizan el mismo diseño de vestido. Todos se veían hermosos entrando a la iglesia y encendiendo velas mientras juraban seguir la palabra de Jesús. Por supuesto, luego del almuerzo, mi hermano ya estaba como un loquito sudado, cor
riendo en su traje de marinerito, jugando fútbol con sus compañeros en el edificio.

Con Marianita mi prima el día de su Primera Comunión

En estos días fui a la Primera Comunión de mis primos Mariana y Diego. Fue sabroso compartir en familia nuevamente este importante día para ellos. Me contentó muchísimo verlos emocionados entrando a la iglesia. Me causó gracia ver como muchas de las niñitas habían mandado a hacer vestidos de diseñador con tela traída de España. El magno evento de la belleza pre-bachillerato. Me causó demasiada gracia que durante la misa el Padre preguntó a los niños que si había confesado todo. Se oyó un unísono síiiii, pero en el fondo se escucharon 2 o 3 niñitos decir noooo. A fin de cuentas, los niños son niños. En ese momento tienen una noción bastante clara de la diferencia entre el bien y el mal, pero para esa edad, los "pecados" no pasan a ser más que una que otra mentira (bueno, en la mayoría de los casos). Años después es que uno realmente comienza a pasar encrucijadas en la vida que te ponen a decidir lo que está realmente bien o mal. Más allá de ir a la iglesia (o lo que sea), lo relevante es uno estar satisfecho con uno mismo. Tener la conciencia limpia no tiene precio. Lo que importa realmente es uno confesarse con uno mismo, estar consciente de las acciones en el día a día. Y, si hace falta, de vez en cuando hacer uno que otro salto de rana para enmendar lo que hiciste mal.

1 de junio de 2010

India Parte II: Formando un Hogar


Tragafuegos en el Hotel Hyatt

El shock inicial de mudarnos a la India se nos fue pasando poco a poco. Vivir en una país tan lejano y contrastante no permite mucho tiempo para pensar las cosas: simplemente todo va pasando. La cultura te va envolviendo de golpe, y a uno le toca adaptarse lo más rápido posible. A los pocos meses de llegar nos tocó nuestra primer gran experiencia cultural. Diwali es conocido como el festival de las luces en el cual se celebra el triunfo del bien sobre el mal. Todavía vivíamos en el Hyatt para el momento de este festival y fue ahí donde experimentamos toda la celebración que conlleva esta fecha tan importante para los indios. Nos impresionamos al ver cómo la ciudad había sido preparada pues todo estaba cubierto con collares de flores. Sin embargo, la gran sorpresa no ocurría en el día sino en la noche. Fue imponente escuchar cientos y miles de fuegos artifiales irrumpir sobre el murmullo de la ciudad. Pasaban horas y horas y no dejábamos de escuchar uno tras otro reventar con gran fuerza, hasta dejar el ambiente completamente nublado logrando lo imposible: hacer ver la ciudad aún más contaminada. Nunca en mi vida imaginé que podrían haber tantos fuegos articiales en el cielo.


Autobus cubierto de flores

El Hyatt tenía una excelente fiesta preparada para los huéspedes del hotel. Había una gran demostración pirotécnica, luces de bengala y auténticos tragafuegos, comida tradicional, músicos y bailarines. Realmente resultó ser una experiencia enriquecedora y sobretodo supremamente interesante. Fue la última gran experiencia que vivimos en el Hyatt antes de (al fin) mudarnos a nuestro hogar en Vasant Vihar.


Rajan, Bajardur y mi papá

Una de las cosas que más nos impactó una vez mudados fue el papel que desempeñan los hombres y mujeres en la India. Viniendo de Venezuela, estábamos acostumbrados a tener una empleada que nos ayudara con la limpieza y comida en la casa. Nos llevamos una gran sorpresa al ver que en la India esto es completamente diferente. Las mujeres son las que hacen el trabajo pesado: es común verlas caminando con una montañita de ladrillos en la cabeza, en vía a alguna construcción. Los hombres, por otro lado, son los que hacen el trabajo en casa. En Venezuela teníamos una sola empleada que realizaba todo el trabajo. En la India teníamos casi media docena: el cocinero, el que limpiaba, el que planchaba, el chofer de mi mamá y el chofer de mi papá.

Bajardur era nuestro querídismo cocinero. Afortunamente él había trabajado en una casa de venezolanos en años anteriores y hacía unas arepas dignas de la Casa del Llano en las Mercedes ,con la harina PAN que traíamos de Venezuela. Bajardur cocinaba sabrosísimo y nos hacía de todo tipo de comida. Por supuesto, nuestra comida casera carecía de cualquier ingrediente proveniente de la vaca. Es decir, cero carne, y la leche y mantequilla eran de bufala. Recuerdo que él mismo elaboraba la pasta y nos preparaba varias opciones de salsas caseras para comer. Mi desayuno favorito eran crepes bañadas en azúcar en polvo, preparadas riquísimamente por Bajardur. El era una excelente persona al que le agarramos un cariño inmenso. Tenía cualquier cantidad de hijos, pero eso no le impidió adoptar un niño enfermito que en alguna oportunidad llevó a la casa. Por otro lado, Rayan y Raj eran el que limpiaba y el que planchaba (respectivamente). Eran dos muchachos callados con los cuales no fue mucho lo que compartimos.


Mi hermano con Jan Singh

El chofer de mi mamá se llamaba Raju, y la verdad, no recuerdo casi nada de él. Sin embargo, nuestro grandísimo y queridísimo amigo y compinche era el señor Jan Singh: el chofer de mi papá. Con él entablamos una linda amistad, y fue, probablemente del cual años después más nos costó despedirnos. De hecho, una de las cosas que más recuerdo con tristeza fue esa despedida en la cual fuimos del trayecto del hotel al aeropuerto por última vez llorando todos; incluyendo a Jan Singh. El fue en muchas maneras nuestro guía turístico personal, que nos enseñó una inmensidad de cosas sobre la India y New Delhi y se convirtió en el gran protector de la familia.


En mi cuarto ya en Vasant Vihar


De esa manera fuimos ajustándonos a la India, aprendiendo de su cultura y formando un hogar. Nuestros nuevos amigos y compañeros en casa nos ayudaron inmensamente a entender a aquel país que se abría poco a poco delante de nosotros. Fueron muchas las vivencias y experiencias que tuvimos en aquel mágico lugar y grande el cariño que le tuvimos a quienes fueron testigos de nuestro paso por la India.

Primera parte aquí: Passage to India