25 de febrero de 2011

Diseñando melodías

Siempre he tenido una idea de lo que quería ser cuando fuera grande. Tenía claro que sería algo relacionado al arte o al diseño ya que desde chiquita me ha encantado dibujar. Una de las razones más grandes por la cual me decidí por estudiar publicidad fue por las vallas que llenan la ciudad de Caracas. Me encantaba la idea de usar la creatividad para vender.

Me fui a la universidad y estudié Publicidad, Diseño Gráfico y terminé haciendo también una especialización en Mercadeo y en Portugués. Durante mi carrera tenía bastante claro que mi meta era buscar trabajo en una de las agencias de publicidad grandes del mundo. El destino y mi impulso me llevaron a trabajar en Leo Burnett, una de las top agencias con oficinas en muchísimos países del mundo. Simultánemente mi novio en ese momento (y que todavía sigue siendo) decidió que sacaría un disco y me pidió que le diseñara su trabajo. Por cosas del destino me llamó una amiga que trabajaba para Universal Music y comencé a trabajar freelance para la industria musical.

Cuando me mudé a Caracas continué trabajando en Leo Burnett, pero pronto me di cuenta que trabajar para la industria musical me inspiraba muchísimo más. Empezaron a salir proyectos nuevos, y pronto renuncié y decidí trabajar por mi cuenta haciendo lo que más me gusta. Con el tiempo me he dado cuenta que me fascina el branding. Hacer marcas y posicionarlas. Sea de artistas o de empresas, eso es lo que definitivamente más me gusta hacer. Por fortuna, las oportunidades de aprender y de crecer en mi trabajo nunca han dejado de llegar. Pero también me he dado cuenta que uno mismo tiene que salir activamente a buscarlas y así crear su propio destino.

A parte de mis metas personales en mi trabajo y lo que quiero lograr, descubrí otra gran pasión en mi vida: el proyecto de É (mi novio). Hemos trabajado juntos desde que estoy en la universidad, y para mi se ha vuelto una meta personal alcanzar el éxito que sé que nos merecemos. Mercadearlo como artista ha sido mi gran aprendizaje y de cierta forma él se ha convertido en mi escuela. He trabajado en su proyecto con tantas ganas, que ya siento que la que canto soy yo. He aprendido que hay que ser constante, y él me ha enseñado que bajo ninguna circumstancia hay que dejar nuestros sueños. No importa lo difícil que parezcan, todo en esta vida se puede lograr con trabajo. Hoy tengo muchos sueños para mí misma. Hay miles de cosas que quiero lograr en mi carrera, y poco a poco he ido alcanzando cada una de mis metas. Sigo trabajando y haciendo mi mejor esfuerzo por aprender más de cada proyecto y oportunidad que se me presentan. La determinación y la constancia siempre serán mi guía. Y con respecto a É, en unos meses hablaremos y verán.

Aquí les dejo una pequeña muestra de mi trabajo, para más
los invito a mi página de Facebook.




Logo de artista venezolano Benavides

Logo de Hacienda que produce Maiz
Logo Rafael Pollo Brito

Logo empresa consultora SLC
Logo empresa organizadora de eventos sociales
Logo Almohadas Cabanna

Disco artista Johnny Sigal




Disco artista Wicha



El mío:



13 de febrero de 2011

Entrenamiento


Comiendo langosta

Tengo mentalidad de gordita. Toda la vida ha sido así y probablemente siempre lo será. Me encanta la comida, lo cual es probablemente una de las tantas cosas heredadas de mi papá. Por suerte nunca he sido una persona gorda. Evidentemente, tampoco es que he sido una flacuchenta; pero me considero una persona de contextura corporal normal (con épocas mucho más normales que otras).

Nunca he sido una persona especialmente activa y atleta. Dios sabe que lo he intentado, pues he participado en todo tipo de actividades deportivas durante toda mi vida. Como a los 8 años empecé a tomar clases de golf las cuales iban bien hasta que a mi papá se le ocurrió la brillante idea de comprarme palos de golf para zurdos. Tremendo error, porque si bien soy zurda, digamos que para el deporte soy más derecha. A partir de ese momento dejé el golf para siempre. Luego tuve una época en la que estuve en clases de natación tratando de ser parte del equipo del Campo Alegre en Caracas (por cierto, más sifrino imposible el colegio, ya que en esa época no tenía piscina y nos llevaban a las del del Valle Arriba Athletic Center). Eso funcionó probablemente no más de 1 mes, quizás porque nos mudaron a la India, pero lo más probable es que paré por aburrimiento. En Delhi tuve una época en que me metí en básket after school hasta que descubrí que no era lo suficientemente alta para practicar ése deporte.


Mi intento de fútbolista. Sabes cual soy?

Por supuesto, no pudo falta mi época de futbolista en la cual me metí en la liga mixta del colegio. Fui defensa de un equipo llamado Mithals y me pasaba los 90 minutos de juego hablando con la otra chama que era defensa mientras los muchachos trataban de hacer goles. No detuve ni un gol. Es más, me atrevo a decir que durante toda la liga probablemente no habré tocado la pelota más de 2 veces. Luego me mudé a Caracas y me metí en clases de tenis en las cuales no iba mal. Eso fue hasta el día en que un amigo del Peñón fue a verme y luego se burló tanto de mí y de lo mal que jugaba, que fue suficiente para salirme de las clases. Desde ése momento no había participado mucho en ningún otro deporte. Hace como 3 año participé en algún 10K el cual no tengo ni idea de cómo terminé, ya que no entrené nada, la noche anterior me comí una parrilla y la mañana del mini-maratón desayuné una arepa con queso telita.

El problema real debajo de todo esto es que he sido floja para el ejercicio. Si bien me he metido en gimnasios, la pereza me ha consumido y termino no volviendo más (y pagando por un servicio inútilmente). Afortunadamente todo eso cambió (espero que para siemre). Como todos los años, decidí que mi propósito para el 2011 sería ser más saludable. Más que estar en forma, para mi es importante estar sana y con buena salud. Investigué por internet y conseguí un programa de ejercicio llamado TurboFire. Afortunadamente me han funcionado y estoy súper motivada (por primera vez en mi vida).

Suena increíble decir que estoy en la cuarta semana del programa haciendo ejercicio 6 días a la semana (sí, dije seis) y comiendo sano (aproximadamente 1300 calorías diarias). Por primera vez llegué a un punto en el que me siento mal si dejo de hacer ejercicio 1 día ya que hasta ahora llevo 24 días sin fallar o dejar de ejercitarme. Sé que los resultados tardarán tiempo en verse, ya que con las dietas que había hecho hasta ahora de bajar 4 kilos en 1 semana terminaron debilitando mis músculos y volviendo mi cuerpo más débil. Afortunadamente estoy determinada en cumplir con mis 20 semanas de TurboFire y al final veré con qué continúo. Tampoco ha sido fácil cambiar mi mentalidad de no darle tanta importancia al peso como al porcentaje de grasa. Como mis músculos están creciendo, el peso más o menos se ha mantenido igual, pero he bajado ya casi en 5% mi porcentaje de grasa corporal, lo cual es increíble. He aprendido a comer sin dejar mi amor por la comida, pero apartando un poco esa mentalidad de gordita. Sé que puedo comer las cosas que me gustan en moderación y poniendo mucha atención a las porciones y a la hora en que lo consumo.

Terminando de hacer ejercicios

Siempre había pensado que sería imposible para mi ponerme en forma a éstas alturas de mi vida. Al fin me desperté y me dí cuenta de que nunca es tarde. Sólo tengo 26 años y ahora es que me queda tiempo para ponerme en forma. Sé que es un proceso lento y difícil, pero entiendo la importancia de tener resistencia y ser saludable. Estoy súper motivada y entusiasmada y sé que lo puedo lograr. En 20 semanas veo si subo fotos de antes y después (con suerte habrá una buena diferencia). Creo que es importante ponerle esa atención a nuestro cuerpo, pues inevitablemente siempre será parte de nosotros. Si ya no estás cuidando tu cuerpo y pensando en tu salud, te digo que todo es posible. Yo sé que apenas estoy comenzando, pero sé que lo puedo lograr. Tú también puedes hacerlo si le pones fuerza y voluntad. Te animas?

3 de febrero de 2011

Tremenduras de Colegio


Amigos del Peñón

Al tiempo de haberme cambiado al colegio El Peñón ya estaba uniéndome a las tremenduras y picardías de mis compañeros. Claro, debo decir que si bien hice tremenduras, era también bastante estudiosa y nunca llegaron a ser cosas demasiado exageradas. Yo no estaba acostumbrada a hacer cosas para molestar a mis profesores, pero definitivamente, uno se contagia de los demás.

Creo que parte de la experiencia del colegio es divertirse con las picardías y ocurrencias que nos ocurren a nosotros y a los demás. Recuerdo muy bien a Walt, el profesor de matemáticas en 2do año sacando a Martínez del salón al comienzo de clases ‘por lo que iba a hacer.’ Poco a poco fueron sumándose cosas que nos involucraban más a todos. Haciendo sonidos con la boca cerrada cada vez que el profesor se volteaba a escribir la pizarra. Haciendo lo que llamábamos el ‘Plan de Contingencia’ en el que el salón completo (unas 30 personas) nos movíamos con todo y pupitre hacia un lado del cuarto dejando solo a un compañero porque ‘se hechó un peo!’ (aunque no fuese cierto).

Como cualquier salón de clases normal, nos copiábamos en los exámenes y hacíamos trampa de las maneras más rebuscadas. Yo trataba de nunca dejar evidencias del tipo de cosas que hacía al no escribir nada en ningún lugar. La única vez que llevé una chuleta (papel con cosas del examen) me la descubrió el profesor de física al cual le tenía muchísimo cariño por ser de Gochilandia (y porque conocía a su familia). Qué verguenza.

Cada uno de nosotros tenía su ‘cosa.’ Algunos se dedicaban a hacer chistes que hacían reir a todo el salón, otros comentarios sarcásticos, y otros se dedicaban a regañar a todos por fastidiosos. Pero quizás la historia más graciosa que ocurrió cuando estaba en el colegio fue con La Escoba. Escoba era uno de las personas más graciosas que conozco pero quizás uno de los peores estudiantes del salón: nunca llegaba preparado, jamás estudiaba, salía mal en los exámenes y no paraba de hablar en clases. Por esa razón el día que anunció que estudiaría medicina todos nos reimos en su cara. Hoy en día, contra todo pronostico (y para sorpresa de todos), es Doctor.


La Escoba, Yo, Gabi

La historia ocurrió en 5to año de bachillerato cuando la profesora de biología nos pidió que lleváramos al laboratorio unas drosophila melanogaster (mosquitas). Estas mosquitas nada más se conseguían en la UCV y ninguno de nosotros tuvimos ni siquiera la intención de ir a comprarlas. Nuestra gran sorpresa fue cuando Escoba se apareció en el colegio con su frasquito lleno de drosophilas. No sólo fue el único estudiante de todo el salón que las llevo, sino de la promoción completa (unas 120 personas). Completamente insólito. Estábamos en plena clase de biología cuando la Escoba comenzó a fastidiar como solía hacer y la profesora no tuvo más remedio que sacarlo del salón. La Escoba se fue bravo corriendo, y a los pocos minutos se apareció en el salón con el frasco lleno de drosophilas y amenazó a la profesora diciéndole “Si me bota del salón, mato a las mosquitas! Las mato!” con toda la seriedad y rabia del mundo. Está de más decir que estallamos todos riéndonos y que la profesora no tuvo más opción que dejarlo pasar de nuevo.

Definitivamente, nada como aquella época del colegio.


28 de enero de 2011

La Semana Que Cambió Todo


Mi salón en el Campo Alegre

En una semana del 98 mi vida cambió por completo. Toda mi vida el ‘plan’ había sido que yo estudiaría la universidad en Venezuela (lo cual irónicamente no ocurrió). Cuando uno se cría como yo, tiene básicamente 2 opciones: o estudia a través del sistema escolar americano, o a través del británico. Yo estudié en el americano lo cual facilitaba la transferencia de colegio a colegio independientemente del país en el que viviera. Sin embargo, esto era un obstáculo a la hora de entrar a las universidades en Venezuela. En esa época (no sé hoy en día), el colegio americano en Caracas no estaba inscrito en el Ministerio de Educación de Venezuela, y por lo tanto para estudiar la universidad había que hacer un parasistema (básicamente, el bachillerato completo en meses).

Siempre existió la idea de que podría cambiarme a un colegio venezolano para resolver ese problema; pero llegamos a Caracas de la India, transcurrieron casi 2 años y yo aún seguía en la Escuela Campo Alegre (el colegio americano en Caracas). Un domingo de octubre del 98 todo eso cambió. Fuimos a almorzar con una tía de mi papá y una amiga de ella que, casualmente, había sido una de las fundadoras del colegio El Peñón. En esas cortas horas se decidió que cambiaría de colegio. El lunes mandaron mi récord académico al Peñón, el martes fui a presentar varios exámenes, el miércoles me aceptaron, el jueves fue mi último día en el Campo Alegre y el viernes comencé clases en el colegio nuevo. Así mismo. Sin tiempo de mirar atrás ni de absorber todo lo que estaba pasando.

Decir que el cambio fue un shock es decir poco. Yo no sabía que esperar, pues me había rodeado toda mi vida de todo tipo de gente, pero nunca de tantos venezolanos a la vez (en el Campo Alegre hay gente de todo el mundo). Nunca olvidaré que entrando a la primera clase se me acercó una compañera y me dijo “Te voy a explicar para que sepas quien es quien: ella es la puta, él es el gallo, él es el fastidioso, ellos son los populares...” Al rato se me acercó William, el tesorero del salón, y lo primero que me dijo fue ‘Paga! Paga que tú debes’. Dios ¿en qué lío me había metido?

Comenzó la clase y la profesora empezó a regañar a los alumnos y a nombrarlos por el apellido. ¿Qué era eso? Yo estaba acostumbrada a otro tipo de relación con mis maestros, pues en el sistema americano te tratan como un igual; te llevan de la mano y te ayudan para todo. Esto era completamente diferente. A la semana tuve que hacer una cartelera para Historia Universal, la cual, al terminar la clase, mis compañeros decidieron convertir en un gran avión volador el cual pasaban de una esquina a la otra del salón. Cosa que jamás había visto suceder en mis años de colegios americanos. Ese primer mes fue un shock cultural para mí en todo sentido. En mi mente todo era en inglés, y estaba rodeada de español.

En el tipo de colegio en el que yo había estudiado hasta ese momento, todo el mundo estaba en constante movimiento. La gente llegaba y se mudaba al transcurrir unos pocos años, por lo que estábamos todos acostumbrados a hacer amigos nuevos fácilmente. Pero en el Peñón la historia era otra. Todas estas personas se conocían desde que nacieron (concepto difícil de entender para mí) y tenían miles de historias y anécdotas compartidos; chistes internos que solo ellos podrían entender. No fue fácil adaptarme a todos los cambios. Me tomó tiempo acostumbrarme al mundo en español, pero con el tiempo lo logré.


Mi salón del Peñón

Tenía que estudiar más de la cuenta ya que, como se imaginarán, sabía muy poco de historia de Venezuela. Tuve que aprender cosas nuevas que en el sistema americano no existen (como la regla de tres), pero con el tiempo todo fue cambiando. Me fui dando cuenta que la educación que estaba recibiendo era mucho mejor. Si bien los profesores era más duros, daban la materia de la mejor manera posible (con sus excepciones por supuesto). Fui haciendo amigos y me aprendí las historias de los demás. Los chistes internos los empecé a entender y los anécdotas me los sabía de memoria. Me convertí en una más de ese grupo y sentía como si los conociera desde pequeña.

La verdad, gocé en el Peñón. La gente resultó ser un vacilón y los amigos inigualables. Mi salón resultó ser lo máximo, y las tremenduras que hacíamos en él, inolvidables. Viví cosas que jamás hubiese vivido si no me hubiese cambiado del Campo Alegre. Aprendí, crecí, e hice amistades que aún conservo. Hoy en día estoy convencida que fue la mejor decisión que pude haber tomado, a pesar de que no estudié la universidad en Venezuela. Cambiarme al Peñón me definió como persona y me hizo querer más a Venezuela. Irónicamente, el día que me gradué del colegio me reí al escuchar a la profesora decir: Fabiana entró al Peñón en Kinder y se va a estudiar la universidad en Miami. Para mi es casi como si hubiese sido verdad. En mi corazón El Peñón es mi colegio y hoy en día tengo experiencias y recuerdos que estarán conmigo siempre.


26 de enero de 2011

Feliz 2011!!



Bienvenido el 2011! Estoy de vuelta luego de unas ricas (y merecidas) vacaciones. Pasé la navidad con mi familia en Miami y fue sabrosísimo. Pude compartir con mi hermoso sobrino Agustín y con el resto de mi familia. Ya estoy de vuelta con las pilas recargadas y lista para seguir escribiendo y contando historias, opiniones y anécdotas de mi vida. Espero leer sus comentarios y feedback sobre qué tipo de cosas les gustaría leer.

Espero el año nuevo les traiga muchas cosas buenas y el valor y coraje para cumplir cada uno de sus sueños. Para mí este año empieza con muchas cosas positivas. Tengo muchas metas que, Dios mediante, lograré cumplir una por una. Un gran abrazo y Feliz 2011!

13 de diciembre de 2010

The Most Wonderful Time of the Year


Santa Fabi 1985

Una de las mejores épocas del año para mi siempre ha sido la Navidad. A pesar de vivir fuera de Venezuela durante muchos años, siempre fue un motivo para regresar y compartir con mi familia. Son muchas las costumbres que año tras año fueron ocurriendo y que poco a poco se convirtieron en tradición.

Por supuesto, cuando uno es niño la Navidad es básicamente sobre los regalos. Todo el año esperando por el famoso regalo del niño Jesús y los regalos de los tíos, primos, y amigos. Solo con tocar el empaque ya sabíamos si de verdad valía la pena abrirlo porque era un juguete. O si, por el contrario, no nos iba a interesar y lo podíamos dejar para después porque, indudablemente, era una franela más. En mi casa teníamos la costumbre de poner un zapato debajo del arbolito para que el Niño Jesús colocara debajo de él nuestro regalo mientras dormíamos. En la mañana corríamos al árbol a buscar nuestro zapato con una emoción indescriptible ansiosos por descubrir si nos habíamos portado lo suficiente bien como para recibir el regalo que habíamos pedido.


Haciendo hallacas 2009

Con el tiempo nos vamos dando cuenta que la navidad se trata menos sobre regalos y más sobre familia. Mi familia es muy particular (como todas) y está llena de personas cariñosas, buenas y especiales. Tengo la gran suerte de que mi familia por parte de papá y de mamá son prácticamente familia entre ellas y siempre celebramos las fiestas juntos. Es por eso que nuestras Navidades son extremadamente numerosas ya que, entre las abuelas, los tíos y los primos, somos más o menos 30 personas. Eso significa que son, aproximadamente ,15 regalos que cada uno de nosotros recibe durante la noche del 24 de diciembre. A estas alturas renunciamos a poner los regalos debajo del arbolito y optamos por subirlos en una mesa; ya no entran en ningún lado.

En años anteriores mi papá se disfrazaba de San Nicolás y aparecía en la noche para repartir los regalos. Con el tiempo se cansó. Esa labor ahora la heredamos 'los primos' y año tras año cambia el repartidor (sin traje de Santa). El problema es que tiene que haber alguien con voz suficiente para hablar por encima de 30 personas súper escandalosas. Es que mi familia es así. Sobrevive el que hable más fuerte o el que tenga la historia más interesante.


Repartiendo regalos

Mientras se reparten los regalos, está mi Tío Javier echando algún cuento por enésima vez. Mi Tía 'Lady Di' hablando sobre el matrimonio de alguna persona de la alcurnia, mi Tía Claudia peleando con algún primo porque no se calla, mi Tía Luza llorando por algún ausente, mi mamá tomando fotos con flashes disparándose sin parar, mi papá devolviendo regalos porque 'ya tiene muchas camisas' (o alguna excusa similar) mientras le dice a algúna tía que se va a caer de culo con el regalo que le compró, Cuchy (la mamá de mi mamá a la que, bajo ninguna circunstancia se le puede decir abuela) tomando un whiskicito, mi abuela Lucero (que es diabética) robándose un pite (una prueba) de algún chocolate a escondidas, y los niños gritando gracias por algún regalo esperando. Los papeles de regalo vuelan de un lado a otro hasta que quedamos hundidos en una montaña de caritas de Santa, bolsitas y cajas. Ahí es cuando todos empezamos a pelearnos por las bolsas de regalo que se pueden usar el año que viene.
Todo esto sucediendo a la vez durante las 3 horas que tardamos en repartir todos los regalos. Mientras tanto las hallacas caseras se están calentando en la cocina, las gaitas están sonando en el fondo y el hielo en el ponche que hace Cuchy o en el whiskicito se va derritiendo. Año tras año se repite más o menos la misma historia. Ésa es nuestra Navidad.


Navidad 2007 con mi abuela Lucero y Cuchy

La verdad es que la Navidad es más especial por quienes la componen que por las cosas que recibimos. Podríamos reunirnos toda la familia y repartir besos, abrazos y te quieros, y sería igual o quizás más especial. Pero también la navidad es una época en donde podemos agradecer a Dios por todas las cosas que nos ha dado durante un año de nuestras vidas. Agradecer que estamos juntos y que tenemos con quien contar. También es una época para dar; damos regalos en los que reconocemos a nuestros familiares y amigos y les demostramos lo importante que son para nosotros. Desde hace aproximadamente 4 años compartimos la tarde del 24 de diciembre con unos ancianos a los que les llevamos comida y regalos. Es gratificante compartir y dar a quienes necesitan de nosotros. Son esos pequeños detalles que ocurren durante esas semanas de diciembre que hacen que la Navidad sea para mi una de las mejores épocas del año.

Les deseo una Feliz Navidad con la gente que más los quiere!

25 de noviembre de 2010

India Parte III: A Big, Fat, Indian Wedding


Yo sentada entre los novios

Al poco tiempo de habernos mudado a New Delhi, tuvimos la oportunidad de experimentar una de las grandes tradiciones Hindúes: el matrimonio. En ésa época mi papá tenía un chofer (porque en la India si no tienes chofer no te puedes movilizar - el tráfico merece un post completo) cuya hija se casaba. El gran honor para un chofer que venía de una casta baja (es decir, de una clase social baja -- en la religión Hindú uno nace en su clase social y nunca puede salir de ella) era que su jefe, un gerente en una empresa petrolera, fuese a la fiesta de su hija. Por supuesto no dudamos ni un segundo en aceptar la invitación para así empaparnos un poco de la cultura Hindú.

Ese matrimonio fue un gran impacto para nosotros ya que era la primera gran demostración de lo contrastante y diferente que son nuestras culturas. Entramos a la ceremonia como unos inexpertos y salimos de ahí graduados en el tema. Al llegar a la fiesta, lo primero que nos sorprendió fue una gran procesión de músicos y bailarines en la calle que venían acercándose cada vez más a la recepción. Al indagar nos enteramos que eran familiares y amigos del novio que van por las calles aledañas al salón bailando y cantando, y de esa manera acompañando al novio a su gran llegada. La música y los bailes eran completamente diferentes a cualquier cosa que hubiese escuchado en mi vida. Era tocada por una especie de mariachis con turbantes que daban vueltas y alzaban las manos al igual que el resto de los invitados. Nuestro primer gran shock fue darnos cuenta de que el novio es el gran protagonista en este evento. En la entrada de la ceremonia, nombraban a los familiares masculinos, principalmente del novio, y les entregaban collares de flores; una especie de homenaje asumo yo que haber nacido hombres más que por cualquier otra cosa. Para nuestra sorpresa, el novio llegó al evento con una máscara que le tapaba la cara completamente. Entonces vino nuestro segundo gran shock cuando nos explicaron que estábamos presenciando un matrimonio arreglado y que los novios aún no se conocían.


El novio llegando a la ceremonia con una máscara cubriendo su cara

Básicamente la historia es la siguiente: la familia de la novia coloca un aviso en el periódico que dice algo como Caso a mi hija. Es buena cocinera, limpia bien, buena muchacha, súper chévere. La familia del novio contacta al padre de la novia y se negocia un precio el cual el padre de la novia debe pagar al del novio para comprar un esposo para su hija. Este pago se realiza con un dote o dowry que el padre ha estado ahorrando desde el día que ella nació. Al terminar la negociación, la pareja va por separado a verse con una persona que realiza quiromancia (lectura de la mano) y así se comprueba si son realmente compatibles. En ese caso se procede con la ceremonia matrimonial en donde se conocerán por primera vez. Luego de una corta luna de miel, la ahora esposa se va a trabajar donde su suegra como empleada durante unos meses. Es el momento en el cual la suegra se desquita por las maldades que en algún momento le hizo su suegra a ella; de esa manera pone a su nueva nuera a hacerle masajes en los pies todos los días y a realizar los más cochinos trabajos de limpieza. ¿Simpático eso de los matrimonios arreglados no?

La ceremonia comienza cuando el novio entra al salón y se consigue con su futura esposa por primera vez. Los paran cara a cara y el purohit (cura) recita varios mantras y habla sobre el significado del matrimonio mientras le quitan la máscara al novio y por primera vez la pareja se mira a los ojos. Luego se colocan el uno al otro un inmenso collar de flores que simboliza lo que para nosotros el intercambio de anillos: una alianza. La verdad, nosotros no entendíamos nada porque todo era en hindi, pero estábamos fascinados observando el proceso. A pesar de ser un momento muy emotivo, la cara de éstos novios en particular era de total seriedad. Imagínense, se están viendo por primera vez y son, en ése momento, marido y mujer. Seguramente nada fácil de digerir para ninguno de los dos, por más que sea parte de su cultura.

Quizás lo más curioso de todo es que al finalizar la ceremonia, sientan a los novios en un altar y sube la gente a felicitarlos y darles regalos. Nosotros, siendo un poco inexpertos en el tema, llevamos un sobre con dinero como obsequio; cosa que se acostumbra hacer mucho en nuestra cultura. Lo que no sabíamos es que los regalos monetarios en verdad van al padre de la novia para ayudarlo a recuperar su inversión. Durante horas están los novios sentados en su altar, sin cruzar ni una palabra, recibiendo la felicitación y abrazo de los invitados. Al finalizar la fiesta y ceremonia, los nuevos esposos se retiran a su cuarto en donde, para romper el hielo, el novio debe buscar su nombre que está escrito en hena, escondido en los brazos de su nueva esposa.

Salimos de aquella fiesta sorprendidos de lo diferentes que son nuestras culturas. Ahí descubrí por primera vez que nuestras formas de ver el mundo son completamente diferentes. No dudo que para ellos intercambiar anillos en una iglesia es igual de extraño que para nosotros la manera en que ellos hacen su ceremonia. Debo aclarar que no todas las bodas en la India son arregladas, y que cada ceremonia varía dependiendo de cada tradición familiar por lo que no todas son como la que nosotros atendimos.

Un aviso en un periódico, un anillo de diamantes, hena en los brazos, un vestido blanco, un cura o un purohit; son maneras de celebrar el matrimonio muy contrastantes y diferentes. Cada una viene acompañada de tradiciones y valores que nos enriquecen y nos hacen genuinos. Pero ésas diferencias también nos muestran que en el fondo somos todos iguales. Todos vivimos nuestras vidas buscando lo mismo: amor. Todos queremos amar y ser amados, una compañía que camine siempre a nuestro lado y una persona que presencie nuestra vida.



Aquí les dejo un clip de la ceremonia y el momento en el que subí a sentarme entre los novios. Es interesante ver la cara de los dos (completamente seria) durante toda la filmación.