13 de junio de 2011

Hablando de Inspiración

Precisamente ví este video del discurso de graduación que dió Conan O'Brien a Dartmouth este fin de semana. Muy bueno!
Una cosa, está en Inglés y hay muchos chistes graciosos que solo se entienden si se conoce su historia.. sin embargo, los últimos 5 min valen la pena aún si no saben de él!

Saludos! :)
Fabi.


11 de junio de 2011

Inspiración

La inspiración puede venir de muchos lados y maneras. Como diseñadora gráfica y ‘creativa’, constantemente estoy buscando maneras de inspirarme y ocasionar nuevas ideas originales en mi trabajo y mi día a día. Lo que hago me empuja a renovarme constantemente; buscando lo más nuevo y más actual para aplicarlo a mi trabajo.

A veces la inspiración llega, a veces es más difícil y hay que trabajar aún más fuerte para conseguir esa idea perfecta. Busco inspirarme no solamente para mi trabajo, sino para mi vida, buscando ideas sencillas que sean capaces de cambiar mi día a día y otras que sean capaces de cambiar mucho más de mis fronteras. Esta semana me llegó esa inspiración de una fuente completamente anónima. Alice Pyne, una niña de 15 años de Inglaterra con cáncer terminal comenzó un blog a través del cual busca conseguir donantes de médula ósea alrededor del mundo. La historia ha trascendido fronteras y océanos. La historia me inspiró. Me impresionó ver como una niña, absolutamente consciente de su destino, decidió tomar las riendas de su vida y hacer un cambio. A veces creemos que somos tan pequeños, que tenemos poco poder sobre las demás personas, y que hay poco que podemos hacer. Pero de pronto escuchamos historias como la de Alice, y nos damos cuenta que tenemos una capacidad enorme de inspirar y crear conciencia a la gente que nos sigue; y con suerte a los que no también.

Quizás una de las cosas que más me conmovió de la historia de Alice es la cantidad de gente que le ha escrito a su blog, twitter y facebook; ofreciéndoles su apoyo y poniendo cada uno su granito de arena. Alice tiene una lista de cosas que quiere hacer antes de morir y miles de personas alrededor del mundo entero están colaborando para que ella pueda cumplir cada uno de sus sueños. Siempre he pensado que en el fondo todos tenemos algo bueno, y esto solo lo demuestra. Que personas desconocidas alrededor del mundo hayan decidio ayudar a una niña, solo muestra que hay mucha gente genuinamente buena. Eso me inspira. Me inspira saber que existen posibilidades y oportunidades de hacer un cambio y dejar una marca positiva en este mundo. Que una niña de 15 años pueda hacer una diferencia, así sea lograr que una sola persona pueda donar médula ósea, es una maravilla. La tecnología solo nos brinda la oportunidad de crear y cambiar. Alguien está ahí afuera dispuesto a escucharnos. Nunca sabemos a quien le vamos a llegar con nuestras palabras.

Creo que tenemos la capacidad de hacer mucho con poco. Creo que tenemos que ser creativos e ingeniarnos maneras de llegarle a la gente. Todos tenemos la capacidad de hacer un cambio y de inspirar a los que nos rodean. Muchas veces creemos que hacer un cambio real es imposible porque es una tarea inmensa e irreal. Es ingenuo pensar que podemos cambiar el mundo. Lo que importa, para mí, es poder cambiarle la actitud a una sola persona. Eso basta para hacer una diferencia. Inspirar a alguien para que ellos a su vez inspiren a otro alguien.

La inspiración nos puede brindar las mejores oportunidades. Nos da la luz ante un enigma y nos abre puertas una vez nos abrimos a ella. Vivimos en un mundo ajetreado y veloz, y hay veces que tenemos que tomarnos un momento para ver las cosas que nos pueden inspirar a nuestro alrededor; cosas que nos impulsan y nos dan la fuerza de lograr nuestras metas. Esas metas pueden ser tan sencillas como hacer un diseño nuevo y original, o tan complejas como cambiar el mundo.

Desde mi espacio espero poder inspirarle una sonrisa a alguien afuera. Sé que mis historias son probablemente muy diferentes a la de la mayoría de las personas que me leen. Pero en el fondo, mi familia es la familia de cada uno de ustedes. Todos tenemos un tío loco, un abuelo gracioso, un hermano con el que peleamos. Todos hemos viajado, soñado y aprendido. Desde mi espacio espero inspirarlos a arriegarse y escribir sus historias, reflexionar sobre el mundo que nos rodea y aprender de su propio bosque.


El Blog de Alice Pyne: www.alicepyne.blogspot.com (está en inglés)
su twitter: @Alice_pyne

3 de junio de 2011

Familia



Mi familia: video que nos resume a todos. Mi regalo de navidad para ellos en el 2010


Para mi la familia que tenemos (y la que escogemos) es lo más importante que uno puede tener en la vida. Gracias a Dios tengo la suerte de tener una familia maravillosa, divertida, ruidosa y buena. Cada persona en mi familia es un personaje, un cuento y una risa.

Tengo la gran suerte, además, de que mis papás se hicieron novios desde muy chamos y que sus respectivas familias congeniaron tan bien que ahora son familia entre ellas. Si bien la sangre no los hace miembros de la misma familia, el cariño sí. Estoy absolutamente clara de la bendición tan grande que conlleva esto, pues nunca tuvimos que preocuparnos de con quien íbamos a pasar navidades y año nuevo año tras año; siempre pasamos las fechas importantes juntos. Si bien no nos vemos siempre, todos sabemos que contamos el uno con el otro y que en las buenas y en las malas, siempre tenemos un apoyo inmenso a nuestro lado.

Como buena familia italiana, somos un escándalo. En mi familia la ley que predomina es que el que hable más fuerte es quien tiene la palabra. Nos interrumpimos, discutimos, nos reimos; todo en milésimas de segundos. El que entra a la sala de casa de mi abuela por primera vez se sorprende ante tanta bulla y no entiende como alguien puede mantenerle el hilo a 4 conversaciones que ocurren a la vez. Pero ésa es mi familia. Anécdotas hay miles, historias incontables de las cuales se podrían escribir varios libros. Por ahora contaré apenas unos pocos.

Desafortunadamente no pude disfrutar suficiente de mis abuelos ya que murieron cuando estaba aún pequeña, pero por fortuna he podido disfrutar de mis abuelas bastante. Mi abuela Cuchy (la que tiene el iPad) es más jóven que yo. En serio. Es de las primeras personas que se para a bailar en una fiesta y no se sienta hasta que la música no pare; siempre y cuando no paren de servirle su güisquicito en las rocas. En una oportunidad nos bajamos media botella de Something Special entre ella, E. y yo: ella como si nada, nosotros no tanto. Existen pocas personas con un espíritu tan alegre y animado como el de ella y muchos le han preguntado que cual es el secreto. Ella siempre responde: Nada, comer frutas cara'. Nosotros le echamos broma diciéndole que está embalsamada en whisky en vida. A lo que ella responde: Que molleja. Sí, Cuchy es maracucha a mucha honra. Pueden haber pasado más años de los que ella quiera admitir desde que se fue del Zulia, pero no deja de comprar su Panorama los domingos para ver que está pasando en su querida tierra de la Chinita. Hoy en día la tecnología la ha llevado a tener entre sus Bookmarks del iPad su periódico zuliano. No hay nada que le dé más rabia que mi mamá diga que ella es gocha concho! ¿cómo se le ocurre negar su Maracaibo? Cuchy es quizás la persona más coqueta que conozco, a sus sesenta más veintipoquitos años, no puede dejar que la vean sin maquillaje y mucho menos sin sus famosos collares. Cuchy fácilmente tiene más collares, aretes y pulseras que Liz Taylor, anda siempre en plataformas y se la pasa regañándonos diciendo Va'i pue' retocáte un poquito si nos ve sin la boca pintada. Quizás ese es su mayor secreto, mantenerse jóven por fuera para rejuvenercerse por dentro.


Mi abuela Lucero, mi hermano y Cuchy

Por otro lado, mi abuela Lucero es colombiana (por ende el acento de varias personas en el video). Es el miembro de mi familia del cual más nos burlamos todos. Es inevitable, le pasan unas cosas comiquísimas, y quizás lo más gracioso es su reacción ante cada situación. Yo siempre le echo broma diciéndole que mi nombre no es Jaianita como a ella le encanta pronunciarlo. Después de tantos años sigue siendo muy paisa (la región de colomnbia de donde es) y el acento lo lleva en el alma. Las historias de mi abuela se han convertido poco a poco en leyendas urbanas, pero, a pesar de los incrédulos que pueden haber por ahí, soy testigo de que en efecto son ciertas. Sí pasó que en alguna oportunidad se tomó las 12 pastillas de mi abuelo en vez de darselas a él. También es cierto que una vez arrancó de una bomba con la manguera de la gasolina aún pegada al carro. No es mentira que en una oportunidad salió de su casa pensando que su carro tenía un sonidito de campanita extraño para luego descubrir que llevaba la reja del estacionamiento guindanda del maletero del carro. Es verdad que una vez fue a buscar las fotos carnet que había ido a tomarse el día anterior para descubrir que había pagado y se había ido sin posar para la foto. Su historia más legendaria no la voy a contar por acá, pero involucró a mi pobre abuelo, que estaba minusválido, un curioso aparato llamado pato, y el baño de su casa. Está claro que mi abuela es una persona extremadamente despistada. Eso sí, despistada para las cosas que le convienen. Entrar en su clóset requiere una clave que solo ella conoce, pues es ahí donde ella esconde su cosas más preciadas: bolígrafos, caramelos, llaves de puertas olvidadas y otras cosas sin sentido. Las combinaciones exactas solo las sabe ella, pero es algo como: subes 2 camisas, atrás un pantalón, bajas 3 medias, un pañuelo a la derecha y listo! Ahí está lo que estabas buscando. Nada fácil. Ella dice que el día que se muera lo que vamos a hacer es reirnos en el velorio acordándonos de tantas cosas y anécdotas graciosos. No dudo que sea cierto.

Ellas son tan solo la punta del iceberg de mi familia, el principio de mil historias y personajes que conforman parte de la gente que más quiero. Si algo he aprendido en el bosque, es que hay que apreciar y disfrutar a cada uno de ellos y aprender de cada cosa que tienen para ofrecer. Tengo la gran suerte de haber nacido una familia absolutamente buena y bondadosa y por nada cambiaría a ninguno de ellos.



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27 de mayo de 2011

Sobre Viajes en Carretera

De mis años en España no tengo demasiado recuerdos. Recuerdo mi casa, el colegio y uno que otro anécdota de nuestra vida en Madrid. Sin embargo, algo que no olvidaré fueron los viajes que hicimos en carro por Europa durante esos años a final de los 80. Uno creería que un par de niños menores de 10 años se aburrirían viajando por las carreteras del viejo continente, pero por el contrario, fueron paseos inolvidables y divertidísimos para nosotros.


Chiquitica en París

Uno de los primeros recuerdos que tengo fue cuando en una oportunidad viajamos a París. Una noche mis papás decidieron salir a cenar a un restaurante de la ciudad y nos dejaron a mi hermano y a mí en la habitación del hotel. Era quizás una de las primeras veces que nos dejaban solos, por lo cual mi papá nos dió instrucciones claras para asegurarse de que todo estuviera bien. Nos teníamos que portar bien, no hacer tremenduras, y fue especialmente enfático en decirnos que si alguien llamaba por teléfono hablando francés, debíamos contestar Je n’ai parlez pas francais que significa: Yo no hablo francés. Mi hermano y yo pasamos un rato repitiendo una y otra vez la frase para asegurarnos de que no se nos olvidara. La verdad es que no le dimos mucha importancia y pusimos a jugar tranquilamente solos en el cuarto. Al pasar el rato, para nuestra sopresa, sonó el teléfono de la habitación y mi hermano atendió asustado ante la voz de un hombre misterioso que hablaba incesantemente en francés. Los dos pusimos cara de tragedia; apabullados y nerviosos mientras mi hermano repetía sin parar Je n’ai parlez pas francais, Je n’ai parlez pas francais; una y otra vez por el teléfono hasta que no aguantó más y se puso a llorar. Esto obligó a mi papá, el misterioso ‘señor francés’ de la llamada, admitir que era él, y que todo era una simple broma. A nosotros no nos pareció muy gracioso, y a mí jamás se me olvidó como decir que no habló francés.

Mi hermano y yo casi siempre compartíamos la habitación de hotel con mis papás, pero en varias ocasiones nos tocó un cuarto solo para nosotros. Jamás olvidaré como en una oportunidad nos pusimos a pelear sobre quien era el más fuerte de los dos, y mi hermano, para mostrar su fortaleza le metió un puño a la puerta del cuarto la cual, por sopresa, atravesó casi completa. Afortunadamente él no se hizo daño, pero ahí comenzó la tortura sobre si mis papás, o la gente del hotel se daría cuenta de la tremendura y nos cobrarían la malicia. Por supuesto, mi hermano, siendo muy inteligente, me cargó parte la culpa a mí obligándome de ese manera a mantener silencio y no acusarlo por semejante acto de vandalismo. Nos fuimos del hotel y por suerte, nadie nunca se enteró de lo ocurrido, convirtiéndonos así en prófugos de la ley hotelera Europea.

En algúna montaña en algún lugar de Europa

Quizás uno de los recuerdos más especiales que tengo de esos viajes ocurrió en Suiza en un invierno helado. Llegamos a un hotelito en la montaña, y después de comernos un delicioso fondue de queso que nos calentó por dentro, decidimos, tarde en la noche meternos en la piscina del hotel. La piscina, por supuesto, era techada y calientica, rodeada de ventanales inmensos que daban hacia la nieve blanca cayendo sobre el pueblito. Jamás olvidaré lo rico que fue estar los 4 solitos jugando y riéndonos en la piscina calienticos mientras afuera hacía ese frío tan espantoso. Un recuerdo que indudablemente siempre quedará grabado en mí.

Esos viajes por Europa al final nos enriquecieron. En el carro íbamos jugando, cantando canciones infantiles, peleando y recitando países y sus capitales. Por cierto, en alguna oportunidad me equivoqué respondiendo ante alguna pregunta de mi papá que la Madre Teresa era de Cancún en vez de Calcuta. Tan solo tenía como 6 añitos, ¿qué iba a saber yo lo que decía? Durante el viaje, mis papás nos contaban las cuentos que conocían de lo pueblitos por los que íbamos pasando. Hablábamos de historia, de realeza, y de la gente que habitaba esos lugares. Recuerdo mucho que me sorprendió Mont Saint Michel por la particularidad de ser una isla de noche y poder llegarle en carro de día. También recuerdo comer cochinillo en Segovia incontables veces y correr por las calles de Granada una y otra vez. Fueron momentos en que pudimos acompañarnos y acercarnos aún más como familia. Al final, cuando uno viaja así, pasa prácticamente las 24 horas del día juntos. Fueron momentos en los cuales aprovechábamos de lo bueno de cada uno y disfrutábamos al máximo mientras aprendíamos sobre cultura y Europa.

20 de mayo de 2011

Contravía: De por qué me regresé a Venezuela



Hace 4 años regresé a Venezuela. Había vivido gran parte de mi vida fuera de mi país y ya estaba acostumbrada a ser una extranjera más; adaptándome a otras costumbres y ciudades. Sin embargo, luego de haberme graduado de la universidad y de trabajar durante 1 año en Miami, decidí que ya era la hora de regresar.

En el momento (y creo que todavía), todos me veían con cara de loca, y me preguntaban si yo tenía idea de lo que estaba haciendo. En más de una oportunidad, me echaron broma diciéndome que iba en contravía, y que lo peor que podía hacer era regresar a Venezuela en la loca situación del país. Pero yo estaba segura; hacía mucho tiempo que había tomado la decisión de volver a mi caótica Venezuela.

Obviamente no voy a mentir diciendo que E no tuvo un gran peso sobre mi decisión. Teníamos en ése momento 6 años juntos, prácticamente todos de los cuáles habían sido a distancia; sufriendo y llorando en cada despedida. Por supuesto que ya quería poder vivir en la misma ciudad que E y compartir de la misma manera en que las parejas normales viven día a día. Claramente él tuvo un gran peso sobre mi decisión, porque el corazon me decía que ya era hora de estar juntos de verdad (y algo de razón tenía, porque aquí seguimos después de todo este tiempo). Pero mi decisión de volver la había hecho antes de saber que me iba a enamorar de él.

"El Plan" era que estudiaría la universidad en Venezuela, pero las circunstancias cambiaron mi camino, y terminé estudiando en Miami. Me había criado pensando que iba a estudiar la universidad en Caracas, y que después de tantos viajes llegaría la calma de establecerme, hacer mis amigos, mis costumbres y mi vida. Quizás fue por eso que sabía cuando me fui que sería algo temporal y que algún día regresaría. Soy y siempre he sido una persona muy determinada, y cuando tomo una decisión, nadie me puede detener. Decidí regresar, hacer una vida acá y crearme de esa manera mi propio futuro. Siempre había querido ser dueña de mi vida, teniendo un negocio propio para algún día tener la libertad de hacer una familia sin deberle nada a nadie. Sabía que eso era algo que podría hacer en Venezuela con trabajo y esfuerzo. Poco a poco lo he logrado, y sé que si me hubiese quedado en los Estados Unidos, quizás lo hubiese podido hacer, pero hubiese sido mucho más difícil.

La verdad es que la razón por la cual decidí regresar a Venezuela era más profunda. El ‘problema’ es que yo amo a mi país. No voy a decir que es el mejor país del mundo, porque cada país tiene sus defectos y cualidades; trivialidades que los hace únicos para su gente. Pero para mí es un país maravilloso lleno de un encanto y una alegría mágica. Pero lo más importante es que es mío. Este es el lugar de donde yo soy. A pesar de haber estado en el otro lado del mundo, de haber hablado otro idioma, y de estar rodeada de costumbres diferentes, mi esencia siempre ha sido Venezuela. Quizás tiene que ver con el hecho de que pasé mi niñez viajando por el mundo y en el fondo tenía la necesidad de echar raices en algún lugar.

Decidí regresar a Venezuela, en contra de todos, en contravía y contracorriente porque aún tenía mucho por aprender y conocer de mi país. No había tenido la oportunidad de conocer cada huequito de Caracas, de hablar con su gente, de bajar a la Guaira un fin de semana de mayo, de ver el Roraima de cerca, de comerme un sándwich de pernil en Galipán. Aún no había visto el Salto Ángel, ni había escuchado todos los chistes de Jaimito (o de su sucesora, Alicia Machado), ni mucho menos había visto a los Leones quedar campeones en el estadio. No había criticado lo suficiente al gobierno de turno, ni me había comido casi tequeños mientras bailaba escuchando a Tártara en el fondo. Me hacía falta reirme viendo la Orquídea, y de conversar con algún extraño en una de esas colas eternas que siempre hay en algún ente público. Habían mil idiosincracias que no había visto ni conocía, y mi corazón me pedía que no podía dejar pasar mi vida sin verlas de cerca, sin sentirlas y vivirlas de verdad. Había visto muchas cosas de Venezuela, pero no era suficiente, necesitaba mucho más. Quería sentir que un lugar era mío, y ser de un lugar de verdad.

No me arrepiento de haberme venido, si algo doy gracias a Dios de haberme dado la oportunidad de poder disfrutar a mi país y mi gente. Yo sé que hay mucho (muchísimo) que tenemos que mejorar, pero estoy convencida de que es un reto que podemos cumplir si comenzamos por nosotros mismos. A pesar de tantas cosas malas, sé que lo podemos hacer. Por supuesto, tengo los ojos abiertos y no estoy ciega ante lo que pasa día a día en el país. Sé que hay cosas que salen de nuestras manos y si llega el momento, tomaré la decisión que no he querido tomar hasta ahora. Si siento que mi futuro se ve realmente comprometido, haré lo que tenga que hacer por mi. Pero antes pienso luchar hasta el último momento posible porque veo el potencial que hay aquí y porque sé lo feliz que puedo ser en mi país, mi casa, mi Venezuela.

Aquí les dejo un comentario adicional de cómo es esa Venezuela Que Yo Quiero y que sé que podemos lograr si empezamos por nosotros mismos.

8 de abril de 2011

Rajasthan



Estado de Rajasthan - Noroeste de India


India es un país con una cultura extremadamente rica, cargada de contrastes y variaciones. Vivir durante 2 años y medio en aquel país tan lejano te permite conocer y ver de cerca muchos de esos contrastes. La mejor manera de conocer un país tan extenso y grande como la India es viajando a través de su territorio y visitando aquellos lugares icónicos que hacen de aquel país un lugar tan misterioso y lleno de encanto. Uno de los lugares a los que viajamos varias veces fue al estado de Rajasthan ubicado en el norte de la India. Probablemente han visto alguna imagen proveniente de este fascinante lugar ya que es unos de los lugares más turísticos del país.


Jodhpur - La Ciudad Azul

Gracias a que India es una tierra antigua en donde existió una gran dinastía hace siglos atrás, muchos de los hoteles en los que nos hospedamos fueron en algun momento palacios que utilizaban los antiguos Maharajas. Tuvimos la oportunidad de quedarnos en el Umaid Palace ubicado en las afueras de la ciudad de Jodpur (conocida como Blue City por sus edificios pintados de azul). Esto quizás fue una de las cosas que más me gustó de viajar a Rajasthan. Las habitaciones eran inmensas con techos altos y alfombras de seda. Los empleados de los hoteles nos trataban como realeza, y era especialmente interesante verlos vestidos en trajes típicos elegantes. Las instalaciones impecablemente mantenidas y las comidas; grandes banquetes con ricos platos típicos de la región. Otro de los hoteles en el cual nos hospedamos fue el Lake Palace Hotel; como su nombre lo dice, es un palacio flotante’ en el medio de un gran lago.



En la subida del Amber Fort

Estando en Rajasthan fuimos a varios lugares típicos como el Palacio de Los Vientos en Jaipur, y por supuesto, el infantable paseo al Amber Fort. Lo más divertido de visitar el Amber Fort tiene que ver más con la manera de llegar al lugar que con el fuerte como tal. La única forma de subir al fuerte era a través de un paseo en elefante que duraba unos 15 o 20 minutos. Confieso que la primera vez que subimos al fuerte temí ligeramente por mi vida. La pendiente es bastante inclinada y si han hecho alguna vez en sus vidas un paseo en elefante, saben que se mueven con bastante fuerza hacia los lados, asustándolo a uno bastante (sobretodo si hacia abajo hay un gran barranco). Por supuesto, no pasó nada, fue una increíble experiencia, y una vez llegamos al fuerte nos entretuvimos jugando con los monos (los cuales están en todos lados) y aprendiendo sobre las batallas que algún día se pelearon ahí.

Otro de los viajes que hicimos a Rajasthan ocurrió un tiempo después y fue completamente diferente. Nos habían dicho que bajo ninguna razón podríamos dejar de ir a la famosa feria de camellos que ocurre todos los años en el norte de la India. Por supuesto mis papás, que no se pelaban una oportunidad para conocer y explorar más de la India, armaron el paseo. El viaje comenzó en un tren que nos llevaba hasta Rajasthan. El tren es uno de los más importantes métodos de transporte de la India ya que alcanza practicamente todas las esquinas de ese país tan grande. Sorpresivamente, los vagones eran bastante limpios y decentes (aclaro que en la India este tipo de cosas sorprenden). La feria de Pushkar es un espectáculo al que definitivamente vale la pena ir. En ese oportunidad no nos quedamos en un palacio sino en un gran campanento lleno de cientas de carpas a las cuales llegan turistas provenientes del mundo entero. Esta feria de 5 días atrae aproximadamente unas 300,000 personas y unos 20,000 camellos anualmente. Se podrán imaginar lo impresionante que es ese espectáculo.


Feria de Camellos de Pushkar

Confieso que para mí fue un poco difícil de digerir esa feria. Los primeros días todo comenzó bien: veíamos a los campesinos y comerciantes negociar camellos, comida, decoraciones, y miles de artefactos necesarios para mantener un camello. Habían carreras, tiendas, comida, música, y miles de eventos pequeños ocurriendo a la vez. Sin embargo, al pasar los días, llegó un momento en el que me empecé a sentir asfixiada. No importaba adonde volteabas habías camellos y más camellos, miles de personas color gris cubiertas en arena, cientos de niños riéndose, cientos de hombres vendiendo cosas, mujeres cantando, música a todo volumen, jovenes tocando tambores, personas ofreciéndonos productos, todo tipo de olores de especies y de suciedad. 360° de gente, gente, más gente y aún más camellos. Recuerdo bien que llegó un momento en que cerré los ojos y le tocó a mi papá llevarme caminando el resto de la tarde, dirigiéndome todo el camino ya que yo no era capaz ni siquiera de abrir los ojos por un segundo. Quizás era demasiado para una niña ver. Tantas imágenes eran difíciles para mi cerebro procesar. Por supuesto un rato de descanso hizo que se me pasara todo y al día siguiente pude seguir paseando y viendo aquel lugar misterioso lleno de vida.


A pesar de lo miedoso que puede sonar, es un lugar increíble y fue una experiencia maravillosa. Mis papás disfrutaron enormemente comprando todo tipo de decoraciones, alfombras, y hasta una silla de camello. Nos dejó incontables recuerdos y un entendimiento más profundo de aquella rica cultura e historia que tiene la India. Es difícil imaginar a ese país, tan sobrepoblado hoy en día, teniendo una gran dinastía lleno de riquezas y lujos. Jaipur, Jodhpur, y Pushkar nos llevaron más cerca a entender a su gente, sus costumbres, y la importancia de sus tradiciones. Rajasthan fue quizás mi lugar favorito dentro de la India. La historia y color de sus ciudades y la maravilla de sus ferias lo convirtieron en un lugar completamente inolvidable para mí.


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1 de abril de 2011

Peleas


Mi hermano y yo, probablemente peleando por el carro zapato

Es increíble cómo la manera de resolver desacuerdos y discusiones va cambiando a medida que uno crece. Cuando uno es pequeño todo tiene una solución sencilla y rápida, pero los adultos tenemos la tendencia de complicar las cosas y hacer todo más difícil. A veces por falta de honestidad, otras por falta de creatividad.

Las discusiones entre mi hermano y yo siempre era resueltas de la misma manera. Todo empezaba porque alguno de los dos quería algo (por ejemplo, sentarse en la ventana) y gritaba Me pido la ventana. Esa era la pauta para una discusión larga y compleja la cual continuaba con la respuesto del otro Pues yo me pido la pelota, a lo que el otro le decía Entonces yo me pido el Nintendo y así sucesivamente hasta que uno de los dos gritara Me pido ser Dios. Eso era lo único que mataba a los demás me pido, era como la sacar papel ante la piedra y ganarse todo. El que decía que se pedía ser Dios ganaba todas las cosas que estaban en la lista de me pidos. Ahora, ¿por qué nunca decíamos que nos pedíamos ser Dios de primero en la lista? No sé. Quizás era un reto ver hasta donde llegábamos sin pedirnos ser Dios. Era un método absurdo, pero siempre funcionaba; el que perdía no tenía derecho ni siquiera de picarse.

Por supuesto, a medida que uno va creciendo se va complicando la manera de resolver discusiones, sobretodo cuando nos toca que lidiar con personas fuera de nuestra familia. Yo no podía pasar demasiado tiempo peleada con mi hermano porque a la hora de la cena me iba a tocar sentarme al lado de él de todas formas. Sin embargo, con mis compañeritos era otra historia. El desacuerdo más común entre los niños llevaba a que el picado se llevara la única pelota del partido (que había llevado él), y que los demás niñitos se quedaran sin diversión, sin amigo y sin pelota. Afortunadamente, cuando uno es niño olvida las razones por las cuales uno se molesta rapidito. Basta con un par de perdones y darle la atención necesaria al picado, para que no pase mucho tiempo cuando ya estén los niños jugando con la pelota de nuevo.

El problema llega cuando somos adultos. Cuando crecemos nos enredamos nosotros mismos y no sabemos cómo resolver los problemas con los demás. Si bien es cierto que los problemas cuando uno es adulto son más serios que cuando uno es niño, al final son las mismas historias las que nos llevan a discutir. A veces queremos las mismas cosas, y en el mundo de los grandes no se vale pedirse ser Dios. A veces queremos cosas distintas que nos llevan a distanciarnos, y siempre hay uno que se lleva la pelota y acaba con la alegría del otro.

Desafortunadamente, los adultos no olvidamos las cosas tan fácil. Recordamos con rencor las cosas que nos hirieron. Todo sería mucho más fácil si pudiéramos ser honestos con nosotros mismos y con los demás. Hay veces que nos toca aceptar que, aunque queremos lo mismo, hay cosas que sencillamente no funcionan y hay momentos en los que tenemos que darle el paso a lo nuevo. Hay veces que tenemos que ser honestos con los demás. Tenemos que recordar que somos humanos, todos cometemos errores, y todos hemos herido a alguien; tanto a propósito como sin querer. Es difícil perdonar, y es difícil llegar a un acuerdo que deje a todos felices, pero hay veces que tenemos que intentarlo. Hay cosas que valen que lo intentemos.

Es cuestión de escuchar. Es cuestión de intentar de ponernos en la posición de la otra persona y tratar de comprender su punto de vista. Una cosa tan sencilla como ésa puede ayudarnos a solucionar un problema que de lo contrario no sabríamos como resolver. Quizás sería más fácil recordar cómo resolvíamos nuestras peleas cuando éramos pequeños para ver si así aprendemos a terminar con las discusiones y comenzar con la comprensión.