Mostrando entradas con la etiqueta Cosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas. Mostrar todas las entradas

18 de marzo de 2011

Comuniquémonos


En el teléfono

La tecnología y la manera de comunicarnos ha cambiado completamente nuestras vidas. Aquellos días de las cartas escritas a mano, los teléfonos pegados a la pared y los tele-mensajes se acabaron. Hoy en día es fácil y rápido conectarnos, tenemos miles de maneras de expresarnos, escuchar, y ser escuchados. Entre twitter, facebook, blackberry, iphone, y skype (entre tanto más) tenemos el mundo, literalmente, en nuestras manos.

Mi primer recuerdo de tratar de comunicarme a lo lejos con algún ser querido fue con mi amiga Alberta en España desde Estados Unidos. No me quedaba otra opción que enviar cartas. Si hoy en día enviar cartas por el correo regular tarda, imagínense en el principio de los ’90. Pasaban meses cuando recibía una respuesta de Alberta, y lo más probable es que todo lo que estaba en la carta ya era completamente irrelevante. Pero qué emoción me daba recibir cartas de mi querida amiga española.



Carta a Alberta - 7 añitos

La gran solución a nuestro problema comunicacional llegó 1 o 2 años después cuando ya estabámos mudados a Caracas de nuevo. Vivíamos en una pequeña urbanización en Chuao en la esquina de cual había una gran casa vacía que estaba a la venta. Varios de los niños que vivíamos en la urbanización pasábamos las tardes metidos en esa casa jugando y divirtiéndonos. El proceso para entrar en la casa era bastante complicado: nos metíamos por el jardín, subíamos unas escaleras que daban a una ventana mal cerrada y por ahí entrábamos al paraíso de cualquier niño. Fue en una de esas oportunidades en la cual descubrimos en el vacío de la casa un teléfono en el piso de la sala. Esa fue nuestra salvación. Pasábamos horas en el teléfono llamando a España y a Estados Unidos a nuestros amigos. Llamábamos a números al azar y les decíamos que se habían ganado la lotería ( jurábamos que nos la estábamos comiendo), y hacíamos cualquier cantidad de bromas telefónicas. Nunca nos descubrieron. En algún momento los dueños de la casa quitaron el teléfono, pero tontísimamente, no cortaron la línea telefónica. Definitivamente no contaban con nuestra astucia. Era tan simple como llevarse un teléfono de nuestra casa, y voilá una llamada más a España (que no le haría daño a nadie).

En ésa época las llamadas telefónicas eran carísimas, sobretodo a larga distancia. Siempre recordaré que en casa de mi abuela en Gochilandia había un solo teléfono en la cocina de aquellos viejos con la ruedita que había que girar para marcar los números. Por supuesto, la mejor solución en donde mi abuela era poner un candado para asegurarse de que nadie hiciera llamadas ni a Caracas. Eso convertía mis vacaciones en una isla de incomunicación en la cual no sabía nada de nadie por unos meses.

Cuando nos mudamos a Delhi todo se complicó. Una llamada desde la India a cualquier otro país era un proceso lento y enredado. Había que marcar unos números, colgar y esperar la llamada que te conectaba con Venezuela. Cuando uno lograba comunicarse, había un delay de sonido como de 15 segundos. Cuando decías ¿cómo están todos?, debías esperar una eternidad para escuchar ¿como están por allá?. Era un fastidio coordinar las conversaciones y nada tenía lógica. Está claro que hablamos muy pocas veces por teléfono con mi familia durante esa época. Nuestra manera de comunicación era limitada a un fax que intercambiábamos cada 3 meses con toda la información posible de lo nuevo que estaba ocurriendo en nuestras vidas. En ésa época mi papá era de las pocas personas que tenía e-mail aunque de nada le servía ya que más nadie de mi familia sabía qué era la Internet.

La llegada de la Internet a nuestras vidas fue revolucionando la manera de comunicarnos poco a poco. Ya estaba en Venezuela de nuevo cuando abrí mi primer Hotmail y comencé a utilizar el Chat de ICQ (se acuerdan de eso?). Mis tardes las pasaba ocupadas chateando y leyendo chistes en Taima.com (ni idea si todavía existe). Usaba Yahoo e Infosite para buscar información en la web, lo cual prefería antes de insertar el floppy de Encarta a mi computador. Aunque probablemente era más rápido el floppy ya que mientras el módem hacía la llamada que conectaba a la Internet pasaba una eternidad. De un momento a otro, sin darnos cuenta, la Internet se volvió todo, se convirtió en nuestro día a día. A Hotmail lo reemplazó Gmail, a Yahoo lo reemplazó Google y ICQ cambió por el MSN. Me da risa recordar que cuando me mudé a Miami a estudiar la Universidad, apenas podía comunicarme con mi novio en Caracas. Las llamadas me salían carísimas y no existía BB Messenger. En vez de skype usábamos un programa que se llamaba NetMeeting el cual era pésimo, pero hacía el efecto. Eso fue tan solo en el 2002, pero en términos de comunicación se siente como siglos.

Para mí lo que cambió todo fue Facebook, por lo que estoy de acuerdo con la revista Time de darle a Zuckerberg el título de Man of The Year (aunque se lo merecía como 2 años antes). Cuando empecé a usar Facebook era privado y solo para estudiantes universitarios dentro de Estados Unidos. Revolucionó todo. Se convirtió en una adicción y pasábamos el tiempo subiendo fotos y comentando en los muros de los demás. Debo admitir que cuando Facebook se convirtió público me molestó en un principio, pero jamás imaginé cuánto lograría para la comunicación. Poco a poco fui reencontrando amigos: de Caracas, de la India, de New Mexico, de preescolar y hasta de Madrid conseguí a Alberta. Fue increíble reconectarme con viejos amigos; jamás pensé que volvería a saber de ellos.


Cuchy recibiendo su iPad de regalo!

La comunicación ha cambiado nuestras vidas. Hoy en día tenemos infinitas posibilidades y medios para expresarnos y conectarnos. A veces me da miedo pensar qué podría venir ya que siento que hoy en día ya tenemos todo lo posible. Por eso me sorprende cuando descubro algún avance tecnológico que nos ayudar a comunicarnos aún más. No puedo creer cómo ha cambiado el mundo. Siempre pienso que si me sorprenden los cambios a mi en tan solo 26 años, mis abuelas no deben poder creer lo que ven con el avance de la tecnología. Cuando Cuchy, mi abuela maracucha, nació, hacía apenas 2 o 3 décadas que había llegado la electricidad a Venezuela. Hoy en día Cuchy tiene un iPad, y basta que subas una foto en Facebook para que ella la esté comentando. En palabras de Cuchy la maracucha: Vai pue’.

25 de febrero de 2011

Las 10 Series Que Marcaron Mi Adolescencia

A todos nos gusta ver televisión de vez en cuando y hay ciertos programas que nos marcan la existencia de alguna manera. Puede ser que sea controversial o estúpida, pero la verdad es que la televisión se ha metido en nuestras mentes para mostrarnos un punto de vista en particular. Queda en nosotros tomarlo o dejarlo. Sumándole a eso la inmadurez de la adolescencia, hay programas que marcan nuestras vidas más allá de lo cotidiano. Aquí van los 10 programas de televisión que más marcaron mi adolescencia:



1: Beverly Hills 90210: Cuando salió este programa yo vivía en el fondo del tercermundismo de la India. Empezarón a pasarlo en Sony (sí, en esa época existía Sony en Asia) y fue completamente impactante. Primero lidiaba con temas que ningún otro programa trataba. Segundo, todo era un chisme divertido e interesante. Tercero, a cual chama no le gustaba Luke Perry, el tipo malo de la serie? En el momento cambió el mundo porque era la primera serie para jóvenes en la que de verdad hablaban como jóvenes. Por cierto, menos mal me enganché a esta y no a Perdidos en el Espacio, la cual pasaban como si fuese un estreno (a pesar de tener unos 20 años). Para mí, 90210 se cayó en el momento en que Brenda salió de la serie. Nnunca fue lo mismo ya que lo que más me entretenía de la serie era el noviazgo de ella y de Dylan. También perdí interés cuando se puso demasiado intensa pues yo estaba muy niña aún cuando salió la serie y no entendía bien algunos de los temas que llegaron a tocar.



2: Salvado por la Campana: Marcó pautas en cuanto a televisión para adolescentes. Me encantaba este programa que trataba de un poco de chamos que se metían en tremenduras en el colegio. Ligaba a que algún día Lisa le parara al nerdito de Screech y que Jessie le espernancara una cachetada de una vez por todas a Slater. Jugaba con mis amiguitas que yo (obviamente) era Kelly Caposki y soñaba con algún día conseguirme a mi Zack Morris. Fue una serie divertidísima y todos queríamos poder lograr las tremenduras que hacían los chicos de Bayside. Además, dentro de todo, era una serie muy sana y a pesar de que lidiaba con temas fuertes como el divorcio, nunca llegó a corromperse como sí lo hizo 90210.



3: El Principe del Rap: Una de las series más divertidas para ver en las Tardes Felices de Venevisión. Empezando por la canción sobre como Will llega a Philadelphia la cual me sabía a la perfección. Quien diría que ahora ese mismo Will tiene un par de mocositos superstars en Hollywood. Admito que nunca fue tan divertido ver la serie en inglés como doblada. El doblaje era gracioso y como de comiquita. Todos queríamos a un primo como Will (aunque no tanto un tío como Phil) y un pana como el DJ Jazzy Jazz. Traté incontables veces de imitar el pasito de baile famoso de Carlton pero es casi tan difícil de imitar como el de Elaine Benes de Seinfeld.


Carlton bailando "It's not unusual to be loved my anyone"



4. 3X3 (Full House): Otra programa de Tardes Felices el cual no me perdía. Posiblemente empecé a verlo antes de la adolescencia, pero fue mi programa favorito por mucho tiempo después. La combinación de los tíos y las sobrinas era divertidísima, y el romance entre el Tío Jesse y Becky, un vacilón. Lo que sí terminaba siendo un fastidio eran los incontables capítulos en los que Jesse cantaba con los Beach Boys. Hasta cuando con los Beach Boys? Me sorprendí años después cuando vi un stand-up de Danny Tanner (Bob Saget) y descubrí que el tipo es medio obsceno haciendo chistes (y graciosísimo también). Sin duda una de las series que más me gustaba cuando era chama.



5. Dawson’s Creek: La mamá de las novelas de adolescentes. Probablemente el programa que más disfruté de todos. Me veía los capítulos y al día siguiente era de lo primero que hablaba en el colegio con mis amigas. El eterno drama entre Joey y Dawson era una adicción. Todos dudábamos si de una vez por todas ella iba a entregarle a él su florecita, ese storyline nos mantenía a todos enganchados. Lo irónico es que al final de la serie me hubiese picado si Joey no hubiese quedado con Pacey. Ay es que eran el uno para el otro vale! Me seguí viendo la serie aún cuando se fueron a la universidad. Por cierto, juré que los dormitorios de las universidades eran como los que aparecían en la serie y mi gran sorpresa fue descubrir que son como 1/8 parte de esos cuartos. Damn you Worthington University!



6: Felicity: Esto era el Candy Candy de la televisión no animada. Admito que me gustaba mucho la serie, pero hay que ver que Felicity estaba completamente loca. Decide cambiar sus planes de vida y perseguir a Ben a New York después de que el tipo le escribe algo así como Nunca Cambies o TQQJ en el anuario. Felicity no se dió cuenta de que son expresiones y que realmente no significaba que Ben de verdad la quería que jode ni mucho menos que lo persiguiera hasta NY. Con todo y eso, la serie era buena, quizás más para mujeres que para hombres, pero era buena. A diferencia del resto del mundo, no paré de verla cuando ella se cortó el peló, sino cuando en la última temporada la roomate bruja devuelve el tiempo para que Felicity cambié el pasado. Sí. Así terminó la serie.



7. A Todo Corazón: La primera (y única para mi) serie juvenil exitosa que sacó Venevisión. Quizás era algo personal porque yo estaba cambiando de colegio a uno venezolano y el programa me ayudó a entender todo un poco más. Pero por Dios, fue un excelente show. Dónde está ese tipo de programación hoy en día? Definitivamente VV decidió mandarlo todo al cipote. De A Todo Corazón salieron una cantidad de estrellas incluyendo a Roque Valero que en ésa época hacía como del “amigo” en el programa. Yo era de las que compraba la revista de la serie y pegaba los afiches que traía en mi pared. Lo admito con verguenza, pero con dignidad. Lo hice.



8. CSI: Esta serie llegó a mi vida cuando yo tenía unos 16 años. Todos nos volvimos adictos a ella. Estoy segura que en casi todos los laboratorios criminalísticos del mundo hay algún tipo mentándole la madre a esta serie por arruinarle la vida. Ahora todos nos creemos los Grissoms ante cualquier situación criminal. Como ejemplo, hace un tiempo nos robaron un objeto en un Burger King por el cual hicimos toda una invesitgación para determinar quién fue el ladrón. Cuando llegamos con las evidencias a la policía nos miraron con cara de WTF y casi nos dicen no mija, aquí no sacamos huellas digitales. Todo un fiasco. Caso cerrado, crimen no resuelto. Pero seguimos viendo la serie con la esperanza de que algún día nos pueda ser útil así sea para descubrir quién se robó el último pedazo de torta de la nevera.



9. Friends: El non plus ultra de la televisión para adolescentes ( y adultos, y niños y viejos y todos). Todavía soy de las que acompaño mis almuerzos todos los días con los capítulos repetidos (los pasan a la 1pm por Warner). Todos queríamos - ok, está bien - queremos ser como Joey, Chandler, Monica, Rachel, Phoebe, o Ross. Como mínimo quisiéramos tener amigos como ellos. La verdad es que la idea de vivir en NY en el mismo edificio que tus panas, y pasar todo el día en el Central Perk no suena nada mal. La verdad, confieso que mi personaje favorito siempre fue Chandler. Definitivamente era el más gracioso, y la historia de su mamá/papá? Priceless. Todos tenían su detalle que los hacían divertidos y relevantes. En algún momento de nuestras vidas podemos sentirnos identificados con alguna historia de la serie. Para mí, la mejor comedia que ha existido hasta el momento.



10. El Chavo: Nunca podría faltar nuestro queridísimo Chavo. Una serie que trasciende edades, épocas y generaciones. Es impresionante el alcance que logró esta serie mexicana y como, practicamente todos los venezolanos, nos enamoramos de esta historia. A nadie le pareció curioso el hecho que el Chavo era un tipo como de 40 años vestido de niño y con pecas pintadas en la cara. De la serie salieron frases clásicas que aún hoy en día muchos de nosotros recordamos: Pero no se enoje, Es que no me tienen paciencia, Tenga barriga señor paciencia, y la próxima vez, vaya a molestar a su abuela, Chanfles..entre tantas otras más. Mi favorito: los capitulos en que estaban en clase con el Profesor Jirafales (conocido en los bajos fondos como el Maestro Longaniza) y Ñoño empezaba a fastidiar a todo el salón. Aunque confieso que el Chavo en Acapulco fue especialmente divertido. Estamos todos claros que esa serie jamás podrían grabarla hoy en día. Un niño huérfano que vive en un barril. El dinero que le pagan por lo que sea lo usa para comprar pasteles de jamón. Que qué son pasteles de jamón? nadie sabe. Todo el mundo le pega. Ron Damón es medio alcohólico, la Bruja de 71 es medio stalker con el pobre viejo, a Doña Florinda la alborotan y nunca la terminan de sacar, hay violencia doméstica y verbal, y Kiko es más idiota imposible. Sin embargo, como nos gozamos esta serie. Sin duda marcó mi adolescencia y probablemente la de muchos más.

Lo mejor para mi? Los capítulos donde estaban en clase con

22 de noviembre de 2010

Diez Mantras Paternos que le Arruinan la Convivencia a los Hijos



Este post es parte del libro de Toto Aguerrevere "Cuentos de Sobremesa"basado en los escritos de su blog Conversations Overheard at the Mad Hatter's Tea Party recomendadísimo el blog y el libro! Aunque no es mi cuento, podría serlo ya que sí, es algo que también Aprendí en el Bosque. Disfrútenlo y compren su libro en Tecniciencias!

Por cierto me identifico con todos, incontables veces oí a mi mamá y mi papá decir probablemente cada una de las cosas en ésa lista. Creo que a los papás les insertan un chip con frases qué decirles a sus hijos para regañarlos en el momento en que nacemos. Probablemente el día que yo tenga hijos, a mi también me insertaran el mismo chip.

Diez Mantras Paternos que le Arruinan la Convivencia a los Hijos

1. Atiendeeeeee: Miren, la última vez que uno atendió el teléfono de la casa era un señor cobrando una factura que Ustedes no pagaron. La penúltima vez, era su mejor amiga que llamaba para ver cómo le había ido a Ustedes en el dentista. Llamada, por cierto, ilógica. La antepenúltima vez era el señor colombiano que le cobra no se qué cosa a Josefa cada quincena y las demás cien mil veces era la abuela inoportuna. Uno no atiende el teléfono porque le da fastidio. La razón es que siempre, siempre, siempre es para Ustedes. Lo mejor es cuando están en la parte de arriba de la casa y empiezan a gritar “atiendeeeeeeeee” como hienas y en eco. La respuesta “si no es para mí” se dice con bastaaante cariño y paciencia. La frase “Mamáaaaaaaaaaa, agarra el teléfono” tiene toda la connotación de odio que se merece por obligarnos a pararnos del sofá sin razón alguna.

2) Es que tú no colaboras: Esta frase es consecuencia de una orden anterior estilo “ayúdame a poner la mesa” Por lo general, dado que ninguno de Ustedes parió soldados de Buckingham, nosotros estamos haciendo algo en el momento en que lanzan la orden. Sí, es completamente inoportuna pero uno tiene la decencia de quedarse callado, terminar rapidito lo que está haciendo y bajar a poner la mesa. Pero que pase un milisegundo, para que ya empiecen con el cuentico del egoísmo por la falta de colaboración. Ya vaaaaa. Sabemos que lo tenemos que hacer, y no va a ser en media hora. Es en tres minutos y medio. Pero que pasen diez segundos sin reacción. Pasamos de ser hijos pródigos a hijos que no lavan ni prestan la batea.

3) No es No, 'Ene O', No: Llega un momento en toda vida de hijo en que nos rendimos a la hora de preguntar si podemos hacer algo o no. Lo hacemos y punto. Porque la verdad, nos dijeron tanto que no, que tuvimos que hacerlo igualito para poder tener una vida social que no nos llevase a ser ermitaños y terminar aniquilándolos como Anthony Perkins en Psicosis. El “no puedes” adolescente se tornó en un “no me parece” en la vida adulta. Eso, lo hacen los padres que emplean psicología autoritaria. Los que tratan de sacar remordimiento utilizan “¿Pero por qué vas a salir? Mejor no salgas, quédate hoy.” Pero lo peor, para que lo sepan, es cuando juran que somos analfabetos y comienzan a deletrear la palabra “no”. Provoca responderles: “Muy bien. Ahora deletrea la palabra ‘impermeabilización’.”

4) Esto no es un hotel: Amamos cuando se disfrazan de Concierge para entrar a nuestros cuartos a una hora donde ni los pájaros se han levantado. Como si les diese rabia que otra persona pueda dormir más que Ustedes en un domingo de Ramos. Es tremendamente antipático encerrarnos para que no entren o poner una señal de “Do Not Disturb” , porque la verdad es que es su casa y nos dan un time-sharing gratis. Pero uno pensaría que tener la decencia de subir las escaleras a las cuatro de la mañana, cual ratero rascado disfrazado de mimo Ninja para no despertar a nadie, sería un servicio social comunitario en su beneficio. Craso error. Que Ustedes desayunen o almuercen sin nuestra presencia es pecado mortal. Como si volver a calentar un pasticho fuese una tragedia china.

5) Pon eso en un platico. Uno entiende que las mamás están demasiado orgullosas de sus vajillas de “cuando yo me casé”. Que se puede ir el marido, la señora de servicio, el loro y los hijos pero esa vajilla permanece intacta y custodiada bajo siete llaves. También entendemos que esa vajilla tiene una serie de platos, semi platos, excusas de platos, platones, platitos y plátanos que conforman un todo del cual, francamente, jamás sabremos cuál es el de la ensalada. Pero mamá, vamos, es domingo, diez de la noche y me hice un sanduchito de queso y no lo derretí porque me dio flojera. ¿Por qué diantres tengo que dármelas de cena presidencial y ponerlo en un platico cuando me lo estoy comiendo como si estuviese en una cantina? Igualito con el individual. Un pedazo de trapo en cien mil variedades que hay que poner, porque si no las constelaciones se juntan y el arca de Noé nos deja chapoteando. Dale pues, el Pirulín me lo como en un platico. Y aún así, siempre va a ser: "No vale chico, ¡en ese platico no!"

6) ¿Y con qué culo se sienta la cucaracha? Ahhhhh, el sórdido tema de la moneda. La verdad es que pedirles plata a Ustedes es un proceso que si supieran. Hay que agarrarlos cuando están felices, entonados, ocupados o dormidos. Basta que estén en un momento lúcido para que nos salgan con este criollismo. Admitimos, hasta ahora no ha habido un hijo estilo Sheldon Cooper para ponerse a hablar de la cucaracha con Ustedes. Porque eso es lo que se merecen, una cátedra cucarachera por venirnos a salir con semejante frase. ¡Y que Dios nos libre que un hijo encuentre el árbol sagrado! Ese mítico árbol al que se refieren Ustedes cada vez que preguntan "¿y tú crees que yo tengo una mata de dinero en el jardín?" No estamos buscando desfalcarlos pero que nos salgan con eso, cuando uno lo que está pidiendo es un miserable billetico de Luisa Cáceres de Arismendi mientras llega al cajero, solo comprueba que Ustedes tenían unos papás pichírrisimos.

7) Es que tú no cuidas las cosas: Esto se toma como un insulto personal. Un hijo que les enseñó a jugar Nintendo, a prender un DVD, a cambiar de canal con el control remoto y a decirles que Hotmail no era una página pornográfica, se merece más respeto. No chocamos, nos chocaron. Hay una diferencia enorme. Dígannos cuando perdemos la cartera. Eso da pie para que se disfracen de emperadores del mal presagio. Sólo porque pusimos la cartera en el comedor y se nos olvidó, ya da pie para que salgan con todo un drama que hay que mandar a cancelar las tarjetas, la cédula y cien mil documentos. Que se les pierda a Ustedes los anteojos. Cosa que por cierto, jamás es una afirmación. Siempre hay una presunción de robo: “¿Quién me quitó mis anteojos?” Nota: el 99.9% de las veces que claman que les robamos los anteojos, los tienen encima de la cabeza. Pero admitimos que es cuchi cuando responden “aquí ‘tan”.

8) Esta es mi casa: ¡Como les gusta jugar al Señor Presidente! Nosotros les respetamos la frase porque sabemos, desde muy temprana edad cuando nos prohibieron jugar en el salón, que somos unos invasores. Que tuvimos que perder todo el pudor gracias al temita de “no te encierres con llave” y que “bájame el perro del sofá” aplica para todo el mundo menos cuando a Ustedes les da por cariño perruno. Entendemos que podemos dejar regada la moralidad, la virginidad y las buenas costumbres pero que dejemos tirado un zapato es visto como una ofensa personal al orden del Cosmos. Ésta la perdonamos, porque es chévere jugar al Estado. La perdonamos porque cuando nos mudemos de la casa, vamos a mandar a VTV el video en donde salen Ustedes gritando “¡No Volverán!” Que quede constancia, cuando sean unos chochos y vengan a pedir cacao que quieren que nos volvamos a mudar con Ustedes.

9) Así tú no sales: Explicarles la moda a Ustedes es difícil. Hay padres que lo han entendido. De esos nos burlamos. Sobre todo, las mamás que decidieron que era chic ponerse leggins igualitos a los de sus hijas de dieciséis. Faux pas. Pero llegamos nosotros, que no sabemos nada del mundo, a salir con un blue jean con un hueco y una franela raída y Ustedes se lanzan una de Joan Rivers en Fashion Police. ¿Qué pasó? Nadie se ha metido con el hecho que Ustedes se ponen los pantalones brincaposos o que dejan la marca de la pintura de labio en el pitillo. Nadie. Se les quiere precisamente por no tener fashion sense alguno y salen de dictadores a decir “así tú no sales”. Bueno, por lo menos no son esas mamás que andan por la vida diciendo que uno se tiene que poner interiores decentes, no vaya a ser que tenga un accidente ho-rren-do y el médico en la clínica nos vea con malos ojos. ESA sí es la profecía del desastre.

10) Si sigues así no vas a llegar ni a los treinta: Nos encanta que siempre nos dijeron cosas como “si quieres ser bailarín de Venevisión, échale plomo pero sé el mejor”. Esa frase nos asustó de por vida, razón por la cual hoy somos unos marginados detrás de una computadora con un cargo ilógico de “Analista”. Pero se pasan. Sólo porque nos quedamos dormidos UNA SOLA VEZ, o porque nos gusta echarnos el traguito después de la oficina, no nos hace merecedores del foso donde a veces nos meten. Como cuando nos sacan en cara su propia biografía en Wikipedia: “Cuando yo tenía tu edad, ya tenía a mis tres hijos, mi casa y enterrado dos perros”. ¿Qué psicología del desastre es esa? Esa comparación no puede hacerse por una sola razón: todos Ustedes estaban de farra cuando pasó el 4,30. Nosotros, los herederos de las malas consecuencias. Es lógico que nos queramos echar un palo. ¡Nos legaron un mundo horrible que se les fue de las manos!